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James Simons: “Los directivos tienen que contratar a las mejores personas, darles poder y después no microgestionar”

James Simons es un matemático y criptógrafo que se dio cuenta de que las complejas matemáticas utilizadas para descifrar códigos podrían ayudar a explicar los patrones en el mundo de las finanzas. Eso le llevó a fundar la multimillonaria empresa de gestión de inversiones Renaissance Technologies en el año 1982.

Hace poco, Simons acudió al campus del IESE en Nueva York para hablar sobre sus inicios en el mundo de la empresa y exponer su opinión en materia de contratación y administración. Además, explicó los proyectos filantrópicos que lleva a cabo para apoyar la educación secundaria y la investigación científica.

Simons ha tenido muy claro siempre que contratar a las personas adecuadas era algo esencial. En 1968, le encargaron crear y dirigir el nuevo departamento de matemáticas de la Stony Brook University de Nueva York. “Así que contraté a los mejores, y les dejé hacer”, explicó. Simons se rodeó desde el principio de talento puro. Sus ofertas de empleo no iban dirigidas a licenciados en Económicas o Derecho de Harvard o Yale sino a matemáticos, astrofísicos e informáticos paridos por centros como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Ya sea en la Universidad Stony Brook, en Renaissance Technologies o en la Simons Foundation, que creó junto a su esposa, la doctora Marilyn Simons en 1994, Simons siempre ha creído que “los directivos tienen que contratar a las mejores personas, darles poder y después no microgestionar”.

Durante su intervención, Simons explicó los esfuerzos filantrópicos de su Fundación en la formación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (CTIM, en inglés STEM). En 2004, a través de la Simons Foundation, él y su esposa crearon Math for America para fomentar la contratación, retención, formación y apoyo continuo a los profesores de Matemáticas en la ciudad de Nueva York. Como resultado de unos programas escolares bastante pobres en Matemáticas y Ciencias, “nuestros hijos no cursan ingenierías o carreras científicas en la universidad. Y, para mí, eso es sinónimo de fracaso escolar”.

 


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