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El placer de poner a parir al personal

Mañana tengo una comida con amigos. Como hago siempre cuando no conozco el restaurante, lo he mirado por Internet en varios sitios. Los comentarios van desde “magníficas texturas en sus pastas” a un “no volveré” carísimo para lo que ofrece, pasando por un “era un bar de copas y ahora no han cambiado nada con lo que se está sentado, detrás de una cortina, al lado de la barra”. Los conceptos de la Web 2.0 están generando gran cantidad de contenido pero, al mismo tiempo, generando mucho ruido. Cada día es más complejo encontrar la información que necesitas y menos fácil identificar lo que proviene de un tropezón puntual -que nos ha dejado con ganas de poner a parir a alguién- con la realidad de un local como el que cito. Salir.com, Lanetroy, como él, muchos portales que dan información de bares y restaurantes, se ven ante la tesitura de dejar los comentarios como los pone el contribuyente o realizar una labor permanente de “control de calidad” que, por coste, siempre se termina dejando a la propia comunidad de usuarios. Ningún modelo es perfecto y todavía tenemos que aprender que, ser maleducado, también es posible en comunidades de todo tipo.


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