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La falta de interés de la clase dirigente española

Hace ya unos años trabajé durante un tiempo con uno de los 50 hombres más influyentes de España en aquel entonces. Era miembro de varios Consejos de Administración y tenía las mejores conexiones posibles. Me había encargado un trabajo como experto en Internet para su grupo empresarial pero pronto me dí cuenta que él no tenía interés alguno en dialogar conmigo sobre su proyecto.

Le parecía bien que lo hiciera pero, en realidad, prestaba mucha mayor atención a sus amigos de la “crême de la crême”, me fui pronto diciéndole que él solo escuchaba a quienes estaban por delante en el ranking de influencia del país. Los que estábamos detrás, no teníamos espacio en su ánimo ni en su cabeza.

Es algo que pasa con frecuencia creciente, todos los influyentes solo hablan con los más influyentes y son incapaces de mantener una conversación -que implica escuchar y aceptar opiniones que no nos gusten- con nadie que no consideren de su nivel. En Internet ese tipo de influencia apenas existe, es cambiante, depende de la calidad de lo que digas y de la gente que te siga.

Una cura de humildad que le vendría muy bien a nuestros grandes “Popes”


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