Las pymes también se suben al carro de la Responsabilidad Social Corporativa

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) no se limita en redactar una memoria anual que acaba en una estantería cubriéndose de polvo. Hay que dar muchos pasos más y actuar de forma coherente tanto en la producción de los servicios y productos previstos, como en todos sus procesos de vida (cadena de proveedores, comunicación, distribución, venta y desaparición). La RSC en las empresas debe tratarse de manera transversal, desde la Dirección General hasta los proveedores. En términos generales, las organizaciones tienen que buscar vías sostenibles para desarrollarse en armonía con su entorno directo e indirecto.

En España el tejido empresarial está formado por más de 90% de micros, pequeñas o medianas empresas que intentan, sobre todo estos últimos meses, sobrevivir en un mercado particularmente competitivo. Las empresas, como los individuos, son los actores del sistema económico, un sistema que a veces padecen, y a veces pueden disfrutar, dependiendo únicamente de ellos.

En estas circunstancias, la RSC para las pymes es una realidad cada día más presente. Ya no solo se convierte en un fenómeno de moda, sino en una necesidad, donde tienen que cambiar a un modelo de desarrollo sostenible. El compromiso de las compañías no tiene que ser una fachada de buenos sentimientos. No se trata tampoco de convertir las empresas en entidades filantrópicas, sino de equilibrar este mercado en cuanto a los recursos que produce y los que usa, la RSC se traduce en herramienta de gestión.

¿Por qué hablar de compromiso con las pymes?

Según la Fundación Alternativa y KPMG Monitor Ibex 35 Sustainability 2009, el desarrollo de la RSC en las pymes se ve frenado por la falta de conocimiento y de formación, además que en algunos sectores existe la idea que la implantación de prácticas sostenibles implican un incremento de los gastos. En este último caso, podemos matizar y explicar que hay muchas buenas prácticas amigables con el medio ambiente y la sociedad, y que además permiten ahorrar.

No hay que engañarse, muchas de las grandes empresas tienen políticas de RSC únicamente para consolidar su reputación corporativa; apostando por que los consumidores favorecerán la compra y/o la contratación de servicios a compañías aparentemente “responsables”… Pero, al fin y al cabo, eso no tiene nada que ver con el fomento de un consumo responsable y una gestión de empresa sostenible.

Hoy en día, con el auge de las redes sociales y la Web 2.0 que desembocó en una democratización de la información, la reputación de cualquier empresa resulta bastante vulnerable y sujeta a tormentas difíciles de prever y gestionar.

Frente a esta situación las pymes pueden ganar una ventaja competitiva notable. En efecto, más allá del desarrollo de una “ética de fachada”, las pymes favorecen un mercado más localizado, lo que fomenta un modelo de negocio a escala humana y por definición más sostenible.

¿Cómo desarrollar política de RSC en las pymes?

El gobierno y sus organismos están intentando fomentar prácticas responsables en el seno del tejido empresarial español. En 2010 más de de 900 empresas participaron en una iniciativa conjunta del ICO y CAN de elaboración gratuita de memorias de RSC para pymes. Es un primer paso, por algo hay que empezar.

La obtención de calificaciones y normas de RSC (ISO, Global 1000 Sustainable Performance Leaders list o Norma de Empresa SGE 21), trabajar en el fomento de la creación de empleo, de la formación, de la integración social, integración sociolaboral de las personas con discapacidad y del cuidado con el medio ambiente, a través del ahorro de los recursos naturales, son aspectos que cualquier empresa, de cualquier tamaño, puede desarrollar.

Hay pautas de sentido común a respetar para encarrilar una pyme hacia una gestión responsable. Aquellas se basan en tres aspectos:

– Las políticas de RSC tienen que tener coherencia con la actividad de la empresa.

– La medición es un elemento fundamental para poder evolucionar, corregir el tiro y sacar lecciones tanto de sus errores como de sus éxitos.

Ser transparente en sus actividades y su comunicación es, según mi juicio, el pilar más importante de las políticas de RSC que sustenta la idea que no es hacerse un lavado de cara, sino desarrollar una actitud realmente responsable y de forma transversal en la gestión global de negocio y aplicar un modelo sostenible integrado en una sociedad con cara humana.

Comunicar sus acciones de RSC ¿coherencia u oportunismo?

La comunicación de la RSC es un aspecto muy ambivalente: de regodearse a informar, la frontera es muy fina. Como comunicadores, es importante tener una visión global de la empresa para siempre poder sustentarse en los tres pilares (coherencia, medición y transparencia) y no aparecer como un barniz de “buenas acciones”, sino como una edificación maciza de responsabilidad y sostenibilidad que transmitimos a todos los stakeholders.

A la hora de la democratización de la información a través de la Web 2.0, del marketing digital o incluso de los precios a la baja de la publicidad en los medios tradicionales, las pymes no pueden quedarse en el andén. Tienen que subirse al tren de la RSC y comunicar no una imagen artificial de sus actividades, sino su papel de actor social, económico y medio ambiental responsable en una sociedad de la cual y en la cual viven. Sólo de esa forma podremos recuperar el sentido de la frase: Comunicar es vivir, y no fingir.


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