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HarperCollins limita el préstamo de ebooks en bibliotecas

Los libros electrónicos empiezan a popularizarse en las bibliotecas. El usuario acude con su lector digital (si no tiene incluso es posible que también se lo presten) y se lleva durante dos semanas el libro en formato digital, igual que antes se lo llevaba en papel.

Una ventaja de este sistema es que se evita el deterioro físico de los libros en papel: después de una temporada en los estantes públicos, sus esquinas y su encuadernación ya no son lo que fueron al principio.

Pero hay quien empieza a poner limitaciones a los préstamos digitales. La editorial HarperCollins limitará los préstamos en bibliotecas de sus libros electrónicos, de forma que el centro sólo pueda prestarlos 26 veces antes de que caduquen sus derechos. Como si después de 26 lectores, el libro de papel se deshiciera entre sus manos.

La estrategia de HarperCollins, una editorial que gestiona los derechos de escritores como Michael Crichton, es algo sorprendente tanto por las diferencias que establece con los libros físicos como por el límite de préstamos que han impuesto, con el aparentemente aleatorio número de 26.

HarperCollins asegura que es su forma de buscar el equilibrio entre los derechos de los autores, el valor que reciben las bibliotecas de sus títulos y una presencia en bibliotecas. Pero los críticos señalan que más bien, hará que estos centros se planteen dos veces a qué editorial o qué titulos compran, ya que después de un cierto tiempo tendrán que reponer o comprar en papel ciertos ejemplares.

Los usuarios que leen libros electrónicos, ya sea en el ordenador, en el móvil, en tabletas o en lectores electrónicos, llevan tiempo pidiendo a las tiendas y plataformas de venta que les permitan prestarse los libros, como podrían hacer si los hubieran comprado en papel.

Los libros descargados de Internet, ya sea de páginas como el Proyecto Gutenberg, que reúne obras en dominio público, o versiones digitales de los títulos subidas por los usuarios, pueden prestarse sin límites porque no tienen sistemas DRM o de "gestión de derechos". Pero la situación no es siempre la misma con las ediciones compradas en tiendas.

Empresas como Barnes & Noble o Amazon han empezado a experimentar con esta opción, imponiendo límites temporales de dos semanas. Además, mientras el amigo que recibió el libro lo esté leyendo, el propietairo original no podrá acceder a él, exactamente igual que si lo tuviera en papel.


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