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¿Está reduciendo Netflix la piratería en EEUU?

El servicio de alquiler de películas online Netflix está causando un efecto que a unos les parecerá evidente y a otros dudoso: reducir las descargas gratuitas de series y películas.

Torrent Freak señalaba esta semana que el uso de servicios de torrents para descargar vídeos ha decrecido en el último año en Estados Unidos, al mismo que tiempo que el número de usuarios de Netflix aumenta a marchas forzadas. El blog no da cifras sobre el uso de torrents, y señala que habría que estudiar la evolución de estas descargas con más profundidad, pero refleja una tendencia que parece bastante lógica si la comparamos con el crecimiento de Netflix.

La empresa ganó 3,6 millones de clientes sólo en el primer trimestre de 2011, casi doblando el número de nuevos usuarios que habían conseguido en el mismo periodo del año anterior. Eso eleva el total de suscriptores a 23,6 millones, 22,8 de ellos en EEUU, que son los mismos que tiene la empresa de televisión por cable Comcast, que ha ido reduciendo cuota de mercado ante el recién llegado.

Puede que esta noticia dé algo de ánimo a los directivos de Spotify, que recientemente recortaron el servicio gratuito, poco después de una encuesta a los usuarios en la que se les preguntaba si el precio de las cuentas de pago les parecía adecuado.

Muchos internautas llevan tiempo defendiendo que la falta de alternativas es el principal impulsor de las descargas de películas, y que una oferta de calidad a un precio razonable sería inmensamente popular. La industria del entretenimiento no parece decidirse, y aunque empiezan a dar tímidos pasos, suelen encontrarse con la oposición de otras empresas relacionadas -como las salas de cine– que ven su negocio en peligro si se modifican los canales de distribución.

El resultado, como no podía ser de otra manera, es un vacío de oferta que los usuarios suplen con música copiada en casa y compartida en redes P2P, visionados en streaming o traducciones caseras de libros que aún no han salido en su idioma.

En ese escenario, no es de sorprender que la gente esté dispuesta a pagar un precio razonable por música y vídeo de calidad o traducciones profesionales, especialmente si no pasan años desde que el producto sale a la venta en soporte físico y hasta que se puede comprar en la Red. Y así es como encontramos alternativas como Netflix o el servicio de vídeo de Amazon, que llenan un hueco que las grandes empresas no se atreven a ocupar.


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