Internautas franceses denuncian bloqueos a YouTube

No hace tanto tiempo que para navegar por Internet teníamos que armarnos de paciencia, sabiendo que pasaría un buen raro desde que el módem marcase con sus estridentes pitidos hasta que se cargara lo que quisiéramos ver. Pero se supone que esa época pasó.

Sin embargo, muchos internautas franceses se han encontrado estos días con que tardan un tiempo casi ridículo -entre cinco y quince minutos- en cargar un vídeo de YouTube para poder verlo en su teléfono móvil. Y el problema no es un fallo técnico de YouTube, sino lo que parece un bloqueo de las operadoras.

Las compañía implicadas son Free, SFR y Orange. Ésta última, propiedad de France Telecom, ya fue acusada en su día de bloquear el tráfico a MegaUpload. Las tres culpan a YouTube de los problemas de acceso, pero este argumento no convence a nadie.

Las operadoras llevan tiempo reclamando que necesitan vía libre para "gestionar" sus redes, bloqueando el acceso a unos servicios o contenidos determinados en favor de otros. El argumento es que la infraestructura está sobrecargada, acaparada por unos pocos que hacen el grueso del consumo.

Al margen de que estas mismas compañías prometan -y cobren- un servicio que según dicen no pueden ofrecer, es muy discutible que una empresa de telecomunicaciones pueda tener derecho a decidir qué vemos, con qué herramienta y sobre todo a qué no podemos acceder.

Mientras los defensores de los derechos digitales se indignan ante esta intromisión de las libertades de expresión e información, las compañías han barajado posibilidades como cobrar su conexión en función de las páginas visitadas (tres euros por Skype y dos céntimos por Facebook, por ejemplo), restringir el acceso a servicios como programas P2P o limitar el ancho de banda de las conexiones fijas.

Otra alternativa que gusta a las operadoras es cobrar a los servicios online o proveedores de contenido con mucho tráfico para garantizarles el servicio, de modo que a las facturas que pagan los internautas se sumen las de los proveedores, y se crearía la llamada "Internet de dos velocidades", en el que los más pudientes tienen servicios y páginas más rápidos. Y parece que esto último -una aportación de Google, propietaria de YouTube- es lo que estarían buscando las tres firmas galas.


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