EEUU prepara una dura ley con bloqueos a webs

La nueva tendencia en legislación de la Red parecen ser los filtros. Algo hasta ahora reservado a países como China y Pakistán con la llamativa excepción de Australia empieza a ser común entre los países desarrollados.

Hace poco, un proyecto europeo de cortar el acceso a páginas con archivos protegidos provocaba la indignación de los defensores de los derechos digitales y una declaración de guerra de Pirate Bay, que aludía a la Segunda Guerra Mundial y comparaba a la industria del entretenimiento con los nazis. Batiendo de paso un nuevo récord en el cumplimiento de la ley de Godwin.

También Estados Unidos parece interesada en esta posibilidad. La propuesta de la Ley PROTECT IP contempla obligar a buscadores, proveedores de Internet, redes de publicidad online y empresas de tarjetas de crédito a cortar el acceso y las relaciones comerciales con páginas que las autoridades consideren infractoras bajo la legislación EEUU, aunque estén alojadas en el extranjero.

Otro detalle del borrador, al que han tenido acceso Ars Technica y Torrent Freak, permite a los propietarios de derechos (por ejemplo, discográficas) a actuar por su cuenta pidiendo a los jueces que bloqueen determinadas páginas, aunque en este caso sólo para empresas que gestionen pagos electrónicos y plataformas de publicidad.

Hasta ahora, EEUU reacciona ante las páginas extranjeras confiscando sus dominios, si estuvieran registrados en su territorio. Eso ocurrió hace poco con dominios como la española Rojadirecta, que tuvieron que cambiar de dominio antes de la Superbowl.

Sin embargo, esta medida es fácil de contrarrestar con nuevos nombres y herramientas de redirección como MAFIAA Fire. Lo que a su vez ha hecho que las autoridades estadounidenses solicitasen su retirada del catálogo de extensiones para Firefox, algo a lo que la Fundación Mozilla se ha negado.

La aplicación de esta nueva propuesta nos augura un escenario similar al que vivió en su día WikiLeaks, cuando atrajo la ira de EEUU publicando cientos de miles de despachos diplomáticos secretos. Perdieron su dominio, se quedaron sin fuente de ingresos en PayPal, Visa y Mastercard y se vieron forzados a buscar servidores alternativos en Europa.

A eso habría que añadirle que las páginas afectadas fueran simplemente inaccesibles para los estadounidenses, una vez bloqueadas por los proveedores de Internet y los buscadores. En otras palabras, las autoridades decidirían lo que puede y no puede ver el internauta estadounidense.


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