Las buenas reseñas con mala ortografía hacen más daño que bien

En ocasiones, el envoltorio es tan importante como lo que hay dentro. Y si eso es válido para lo que compramos en el supermercado, también lo es para la opinión de los que compran en el supermercado.

Según un estudio reciente, las críticas negativas pero bien escritas impulsan las ventas de un negocio, mientras que las reseñas positivas pero con errores de ortografía y gramática perjudican a la reputación de la empresa elogiada.

En plena era de los medios sociales, las recomendaciones de otras personas -conocidas o no- son un argumento de mucha más fuerza a la hora de comprar que los ya cansinos mensajes publicitarios. Pero no siempre funcionan como esperaría la persona que da su opinión.

Así, los internautas perciben una crítica negativa y con corrección gramatical como objetiva y de fiar. Mientras que la opinión favorable de alguien que no es capaz de escribir correctamente nos predispone en contra del restaurante, hotel o tienda en cuestión.

Es decir, preferimos comer en el restaurante donde alguien se quejó educadamente por el tiempo que tardan en servir (nos mentalizamos antes o pensamos que fue alguien exigente) que en el sitio donde alguien elogia una estupenda "luvina", porque si no saben escribir el nombre, ¿cómo van a saber si está hecha? O nos creemos que el pescado esté bueno, pero quizá no queramos compartir sala con clientes iletrados.

Esta información podría parecer poco relevante para los empresarios porque -savo que sean escuelas- no pueden hacer nada para controlar lo bien que escriben sus clientes.

Sin embargo, uno de los autores del informe, el profesor Panos Iperoitis, señala que algunas tiendas online están experimentando con programas informáticos que corrigen la ortografía de los comentarios, mejorando la calidad y la efectividad de las críticas.

Esta práctica, aunque favorable para las ventas, plantea una cuestión ética, como señalan en Slate. Porque la forma de escribir la reseña también nos proporciona información sobre el local, y tal vez preferimos saber que los habituales de la cafetería van con sus "hamigos" antes de llevar a nuestros suegros.


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