Netflix se convierte en la mayor fuente de tráfico en EEUU

Un estudio reciente de la firma canadiense Sandvine estima que en hora punta, el 29,7 por ciento del tráfico de bajada de los internautas estadounidenses procede de Netflix, superando a servicios como los torrents y la propia YouTube. Hace siete meses, la firma de alquiler de vídeos suponía sólo el 20 por ciento.

Esta cifra viene a respaldar las afirmaciones de que las nuevas ofertas de pago, y Netflix en general, o bien reducen o al menos compiten directamente con la piratería en Estados Unidos, gracias a precios razonables y un producto de calidad. En otras palabras, el usuario medio prefiere pagar para ver una película de alta definición a ver un streaming más bien cutre grabado en el cine.

Los datos también ponen de relieve el esfuerzo al que se ven sometidas las redes de conexión a Internet. Después de años en los que nadie se quejaba -mucho- porque casi nunca nos dieran todo el ancho de banda contratado, servicios como Netflix o Spotify han hecho que los usuarios expriman sus conexiones, al mismo tiempo que los proveedores de conexión empiezan a limitar conexiones y exigir que les permitan gestionar sus redes, dando prioridad a unas aplicaciones o servicios frente a otros.

La cuestión es que una cosa es bloquear el tráfico de MegaUpload o YouTube, que al fin y al cabo son gratis, y otra muy distinta si las operadoras recurrieran a la misma estrategia con empresas como Netflix, que no sólo están libres de toda sombra de ilegalidad, sino que tienen clientes de pago que contratan un servicio.

Se trata, en definitiva, de empresas mucho más dispuestas a emprender acciones legales contra una operadora que les asfixie el tráfico. Algo especialmente discutible cuando muchas de estas operadoras tienen sus propias ofertas de vídeo bajo demanda y televisión, rivales de compañías como Netflix.

Por eso es más probable que ante esta tendencia volvamos a encontrarnos con propuestas de cobrarnos la conexión en función de lo que hacemos con ella, o adoptar la estrategia opuesta y cobrar a los servicios online para darles prioridad, creando una Internet de dos velocidades y contraviniendo todo concepto de neutralidad, de modo que las operadoras puedan llevarse un trozo del pastel del vídeo online.


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