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Kindle en el dormitorio, iPad en el salón

Cuando Apple presentó el iPad, muchos condenaron a muerte a los lectores electrónicos. Sin embargo, están aguantando bastante bien la fiebre de las tabletas, indicando que hay espacio para todos en el mercado. Y en las casas de los consumidores. Y puede que ahí esté la clave.

Según un estudio reciente, por muy portátiles que sean nuestros nuevos juguetes tecnológicos, no nos los llevamos con nosotros a todas partes. De hecho, parece que los hemos relegado a partes concretas de la casa. El lector electrónico nos lo llevamos a la cama para leer, mientras que el iPad es el elegido para jugar frente a la tele.

De hecho, el 70 por ciento de los encuestados por Nielsen que tenían una tableta dijeron utilizarla mientras ven la televisión, lo que podría indicar que no son precisamente -o no sólo- los ordenadores portátiles los que deben preocuparse de perder cuota de mercado y la atención de los usuarios ante la nueva oleada de tabletas. Menos competencia hay en el cuarto de baño, donde el 25 por ciento de los encuestados dijeron llevarse su tableta.

Mientras tanto, el lector electrónico reina en el dormitorio, donde acompaña al 67 por ciento de sus usuarios. También es el que menos monta en transporte público (sólo se lo lleva el 11 por ciento de sus usuarios) y el que menos llevamos a clases o reuniones, pese al esfuerzo de sus fabricantes por convertirlo en herramienta educativa.

Pero nuestro amuleto, nuestro objeto más preciado, no es ninguno de estos dos. A diferencia de tabletas y lectores, que aparecían mayoritariamente en una o dos áreas, el que solemos llevar a todas partes es el teléfono móvil, con una presencia mucho mayor en diversas facetas de la vida, desde ir a clase hasta el metro, sin olvidar las reuniones familiares. Al fin y al cabo, nada nos interesa más que una actualización.


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