Las redes sociales y las smart grids: energía en tiempo real

Con las redes sociales siendo parte de la vida cotidiana de millones de personas en buena parte del mundo, las smart grids (redes eléctricas inteligentes) ya están alineadas hacia la explotación de estos espacios como herramientas de comunicación entre consumidores, distribuidores y generadores.

Uno de los objetivos de las smart grids es mantener constantemente informado al consumidor sobre cuánta energía está usando en tiempo real, y de hecho ya existen usuarios que consultan su consumo a través de las redes sociales, especialmente en Twitter y Facebook.

A finales del año 2009 una búsqueda en Google de “twitter.com kWh usage” arrojaba aproximadamente 130 resultados. Esa misma búsqueda hoy en día proporciona 1.900.000 resultados. La razón es sencilla: muchas empresas han decidido utilizar Twitter para mostrar ante el público que se comportan eficientemente como consumidores. Otros usuarios lo usan con fines netamente domésticos, no solo para estar informados sino usando soluciones online adaptadas o personalizados que les permite encender o apagar cualquier electrodoméstico de casa.

Soluciones en Twitter y Facebook

Una de las soluciones es la llamada Tweet-a Watt que consiste en un dispositivo P3 International “Kill-a-Watt” modificado con una tecnología XBee wireless y conectado al contador inteligente. Aún no está masificado, pero es un ejemplo de integración entre las redes sociales y smart grids de forma un poco más segura.

Existen más soluciones; por ejemplo, una compañía eléctrica alemana, Yello Strom, ha desarrollado y vendido su propio medidor inteligente con acceso a banda ancha y con posibilidades de adaptación a las necesidades del cliente, entre estas, comunicación bidireccional a través de Twitter con un intervalo de actualización de 10 minutos.

Pero no solo Twitter sirve como vector comunicacional. Facebook permite a terceros desarrollar aplicaciones que permiten a los usuarios jugar, compartir información e incluso verificar su uso de energía.

La empresa americana, Tenrehte Technologies ha sido una de las primeras en desarrollar una aplicación de Facebook que permitiría a los usuarios vigilar a distancia su consumo energético, y de esta manera gestionarla. El usuario obtiene un registro de su consumo y decide cuándo encender o no un determinado electrodoméstico. El precio de un paquete de estos dispositivos está entre 110 y 130 dólares en EEUU.

Otra aplicación implementada a través de Facebook es WattsUp, que permite intercambiar la información del consumo eléctrico de un usuario con otro. La novedad de esta aplicación está en el facto psicológico de obligación ética por ser el consumidor más sostenible entre los usuarios de esta red. En otras palabras, incentiva a una competencia por ser más verde a través de las redes sociales. Es sin duda, una manera muy gráfica de obligar al consumidor a actuar bajo reglas de una comunidad de usuarios interesados por la sostenibilidad.

¿Y la seguridad?

Sin duda hay amenazas a la hora de compartir o canalizar la información de consumo eléctrico a través de las redes sociales. El riesgo más importante es el compartir información íntima con otras personas o empresas. En Estados Unidos se han hecho pruebas al respecto y algunos internautas y hackers bien intencionados han demostrado como el colocar el consumo energético en la red social puede facilitar información sensible sobre los hábitos, rutinas o la estancia o no en el hogar. De hecho, se han registrado robos a partir de la detección de la información del consumo eléctrico de un hogar por períodos prolongados, lo que en cierta forma indica la ausencia del usuario.

Pero las soluciones están a la mano. En primer lugar, este tipo de conexiones y de dispositivos están desarrollando protocolos de seguridad más sofisticados, lo cual no quiere decir que sean invulnerables (visto lo ocurrido recientemente con Amazon o PlayStation, la posibilidad de ser atacado es inmensa), pero que ayudan a compartir la información mediante un filtrado adecuado del consumo, e incluso el excedente, en caso de que se quiera pasar a la fase de venta de electricidad desde el hogar en una pequeña red de vecinos o micro-grid.

Para ello se requiere tomar medidas en las siguientes fases de implementación de dispositivos de medición inteligente a través de las redes sociales:

a) Controles de identidad e información personal: siempre es bueno utilizar un nombre de cuenta que no sea fácil de identificar. Otra cosa importante es tener el mejor protocolo de seguridad disponible

b) Especificación y control de la información que se quiera compartir: es clave no integrar toda la información de tu hogar ni compartir passwords entre redes sociales.

c) Segmentación de la red: no está de más segmentar tu cobertura de smart grids en el hogar. No depender de un solo dispositivo es garantía de seguridad. Así, al recibir un ataque o ser vigilado la red estaría más protegida si se toman medidas de compartimentación. Al igual que en los mercados globales de la energía, la diversificación de los inputs contribuye a la seguridad del suministro energético del hogar o la empresa.

d) Definir usos de navegación: evitar navegar en distintas páginas al mismo tiempo cuando estás conectado a tu red social observando tu consumo. Algo difícil pero que ayuda en términos de seguridad.

El encuentro entre las smart grids y las redes sociales ya es un hecho y, como todo, tiene sus ventajas y desventajas. Aún falta una década para que las smart grids estén completamente desplegadas y el énfasis ahora está en reducir los costes de aplicación y acoplar la regulación a las posibilidades de las empresas de tal manera que exista un retorno de inversión.

Difícilmente todos los usuarios estarán disponibles o dispuestos a hacer un registro exhaustivo online de su consumo energético, pero en cuanto los beneficios estén a la vista esa preocupación entrará dentro de las prioridades de la vida cotidiana.

Para el año 2020, por mandato de la UE, el 80% de los medidores eléctricos deben ser inteligentes. Compañías eléctricas, asociaciones de usuarios y reguladores deben consensuar un marco regulador que permita que este objetivo no solo se cumpla, sino que llegue a unos niveles de sofisticación y seguridad que permita pasar de un sistema energético centralizado e ineficiente a uno diversificado y sostenible.


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