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Facebook levanta ampollas con su reconocimiento facial

Facebook lleva un tiempo probando un sistema que reconoce los rostros de otros usuarios en una fotografía, como han podido comprobar algunos usuarios algo perplejos con un funcionamiento no siempre impecable. Pero el sistema aprende, y se supone que llegará un momento en el que facilite mucho el etiquetado de las fotos al hacerlo de forma automática.

Los sistemas de reconocimiento facial son cada vez más frecuentes, y no sólo como esperaba la ciencia ficción (complejos sistemas de seguridad) sino para resolver problemas más mundanos como personalizar la publicidad, poner orden en las fotos domésticas o identificar a ese conocido que nos suena.

Como cualquier innovación de este tipo, despierta una cierta animosidad de los usuarios, que pueden considerarlo una invasión a su privacidad, por ejemplo cuando Facebook les etiqueta de forma automática en una foto en la que quizá no están en su mejor momento, o simplemente no quieren que aparezca en las noticias de sus contactos.

La firma de seguridad Sophos ha reflejado las quejas de muchos usuarios, señalando que la empresa no informó de que ampliaba el servicio de EEUU (donde se estaba probando) a la mayoría de países. Y no sirve de mucho que haya aparecido la opción de deshabilitarlo en el menú de privacidad cuando los usuarios ni siquiera saben que el servicio existe.

La empresa ha admitido que debía haber sido más clara sobre este sistema automático (avisar a la gente de que existía no hubiera estado mal, por ejemplo), e insiste en que una vez más, los descontentos pueden desactivar el sistema en la configuración de privacidad. Pero como en otras ocasiones, los defensores de la privacidad insisten en que este tipo de aplicaciones deberían ser de "opt-in", es decir, que la configuración por defecto fuera tenerlo deshabilitado y que sólo los interesados se apuntaran.

Este es un caso en el que no sólo está en juego la política de privacidad de un servicio online, sino la forma en la que se comunica con los usuarios. Cada vez más, los internautas exigen un trato más directo de las empresas. Quieren que les respondan en Twitter, que les digan si han cambiado algún detalle de privacidad (y no con un largo y farragoso texto legal) y que informen puntualmente en caso de que haya problemas. Y las empresas harían bien en adaptarse.


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