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HTC enfada a los usuarios de su Desire

Ayer martes, HTC Reino Unido anunciaba en su página de Facebook que, a pesar de los esfuerzos realizados durante meses por sus ingenieros (y a que lo prometió hace tiempo), no va a actualizar el sistema operativo de su Desire a Gingerbread.

La explicación oficial es simple: el teléfono no tiene memoria suficiente para compatibilizar esta versión (la 2.3) de Android y HTC Sense, el software propio que HTC introduce en sus smartphones para gestionar aplicaciones y contactos. Así que el Desire se quedará como está, con Android 2.2 (Froyo).

El asunto tiene diferentes vertientes; por un lado, muchos usuarios no se explican que el Desire, que fue el teléfono más vendido por HTC el año pasado, quede obsoleto (desde el punto de vista del software) tan rápidamente.

Y esto enlaza con el problema de la fragmentación de Android, con diferentes versiones (con lo que ello conlleva de complicaciones extra para los desarrolladores) siempre conviviendo en el mercado. Algo a lo que Google quiere poner remedio.

También está el recelo hacia la explicación oficial, que a muchos no convence. El modelo Wildfire S, que HTC lanzó a principios de este año, tiene la misma memoria que el Desire (512 MB) y un procesador menos potente (Qualcomm a 600MHz frente a Qualcomm a 1GHz). Y sin embargo, en el Wildfire S conviven Gingerbread y HTC Sense.

Y claro, ya hay quien dice que se trata simplemente de una decisión estratégica, dirigida a vender nuevos modelos con un sistema operativo más avanzado. Una decisión muy arriesgada, si es a costa de jugarse la confianza de sus usuarios.


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