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Un fundador de Color abandona el barco

En los tres meses que lleva en marcha, Color ha conseguido reunir muchas de las preocupaciones del momento en el sector de la tecnología: la privacidad, porque prescinde completamente de ella al invitarnos a compartir fotos con medio mundo, y la financiación, porque ha recibido una inversión más que jugosa antes de que podamos verla.

Ahora parecen haber sumado otro tema de moda, el fluido mercado laboral de Silicon Valley, donde nadie parece conservar a sus empleados por mucho tiempo y el éxodo de directivos, ingenieros y demás personal especializado es un vaivén incesante.

Peter Pham, que fundó Color con Bill Nguyen, ha anunciado que se marcha sin esperar a que el producto llegue a lanzarse, dejando perplejos a analistas, usuarios y probablemente a los inversores, que podrían empezar  a preguntarse si invertir 41 millones de dólares antes de que la plataforma saliera al mercado fue una idea tan buena.

Las dificultades de Color tienen que ver en parte con las cuestiones de privacidad. A diferencia de otros medios sociales donde podemos intercambiar imágenes, Color pretende que compartamos nuestras fotos con cualquiera que esté en el mismo sitio de nosotros, lo que implicaría que el tipo del fondo de la barra vea nuestras fotos de la semana pasada y nosotros podamos ver las suyas la semana que viene, por ejemplo.

Pero igual que han reunido los temores del momento, son un ejemplo de las tendencias de éxito. El servicio de intercambio de fotos de Twitter o la gran popularidad de Instagram demuestran que es el momento perfecto para lanzar un combinado de fotos y elementos sociales. Si será la vena social la que gane o primará el aprecio a la intimidad todavía está por ver.


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