Impresoras 3D: la fábrica de sueños

Una empresa llamada Makerbot acaba de recibir una inversión de 10 millones de dólares. Y esta empresa, a diferencia de las startups de moda, esta compañía no mantiene una red social, ni desarrolla una aplicación popular. Ni siquiera fabrica tabletas.

Makerbot_thing-o-matic

Lo que fabrican es la Thing-o-matic, una máquina que hace cosas. Arandelas para la cortina de ducha, juguetes, jarrones, lámparas, pulseras, maquetas… A partir de un diseño hecho por ordenador -o algo que pongamos delante de un Kinect- este cacharro algo más pequeño que un lavaplatos, con carcasa de madera y luces de colores, puede fabricar una copia en plástico de casi cualquier cosa. Porque la Thing-o-matic es una impresora 3D.

Durante años, fabricar una pieza de plástico, ya fuera un patito de goma o un vaso, ha sido reducto de las grandes empresas. Si un diseñador quería hacer realidad sus proyectos, necesitaba inversión. Si un soñador se imaginaba el juguete perfecto, más le valía tener habilidades manuales.

Pero la impresión 3D está cambiando las cosas. En sus distintas variedades, permite fabricar objetos de plástico más complejos, más baratos y más deprisa que los métodos tradicionales Después de hacer sus primeras incursiones en escuelas de ingeniería y arquitectura y dar pie a negocios que se ofrecen a convertir en realidad los prototipos de sus clientes, estos cacharros empiezan a ser cada vez más accesibles.

No nos engañemos, la fábrica-de-cualquier-cosa sigue siendo cara. HP las vende por unos 17.000 dólares, mientras que Markerbot, que ya ha vendido 5.200 unidades de su máquina de código abierto, la ofrece por 1.299 dólares. Los recambios del filamento que utiliza esta última para crear capa a capa la pieza solicitada valen 55 dólares. Lo que lo convierte en una tinta bastante cara para una impresora aún más cara. Pero ya es un precio lo bastante bajo como para que un empresario pueda planteárselo.

Y así es como surgen negocios de toda clase. Ya sean prótesis personalizadas, juguetes únicos o el bikini perfecto y a medida, una infinidad de emprededores está encontrando la forma de ganarse la vida gracias a estos cacharros.

Printedshells

Estos ingenios también plantean un nuevo desafío a los derechos de autor. Cuando uno puede construirse lo que quiera y como quiera, es bastante probable que entre cosas útiles y cosas bonitas termine colándose una miniatura de La guerra de las galaxias, o un coche teledirigido con forma de concha del Mario Kart.Y ya estamos viendo las primeras amenazas legales.

Conflictos legales aparte, la generalización de las impresoras 3D está dando pie a una nueva artesanía, en la que el autor no modela en un torno ni talla a mano, sino que diseña en digital y pulsa un botón para hacer una, diez o doscientas copias. Es la democratización de la manufactura.


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