A los empleados de Microsoft no les convence su jefe

El consejero delegado de Microsoft, Steve Ballmer, no debió sentirse muy popular entre sus empleados el pasado viernes. Por si la gente que abandonaba la reunión anual de la compañía no fuera una pista lo bastante clara, no hay más que acudir al blog anónimo MiniMicrosoft para encontrarse las críticas de los trabajadores.

"Es el momento más deprimente en mis 10 años en Microsoft, en realidad. Todo el mundo se va o está planeando marcharse", decía uno, mientras que otro describía la reunión como "era demasiado soportar esas demostraciones tan dolorosamente sosas y ponentes sin vida en sus adormilados intentos de mostrar emoción sobre nuestros productos y nuestro futuro".

Está claro que unos comentarios anónimos no representan a la totalidad de la compañía, y Microsoft tampoco está en un declive tan desolador. Si bien es cierto que sus aventuras móviles hasta ahora han tenido poco éxito, la Xbox sigue siendo un negocio con potencial -no nos olvidemos de Kinect- y los primeros atisbos de Windows 8 han recibido buenas críticas, por mencionar algunos de sus negocios.

Lo cierto es que por uno u otro motivo, el paisaje directivo del sector ha cambiado mucho en lo que va de año. Desde la tranquila transición en Google (con Schmidt pasando a ser presidente, y uno de los fundadores poniéndose al mando de la compañía) a la retirada por salud de Steve Jobs, pasando por los fulminantes despidos de Leo Apotheker en HP y Carol Bartz en Yahoo, parece que la nueva moda entre las grandes tecnológicas es cambiar de CEO.

Si hubiéramos tenido que apostar por el siguiente -o mejor dicho, siguientes-, nuestra elección no habría sido Ballmer, sino los dos consejeros delegados que comparten el poder en RIM, y que ya han recibido un ultimátum. Pero no todo el mundo piensa lo mismo. Y aunque la empresa no está tan mal, siempre es difícil mantener un consejero delegado sin la confianza de sus trabajadores.


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