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En Silicon Valley, no eres nadie sin una conferencia

Parece ser que entre dirigir Oracle, lanzar rapapolvos a sus rivales y pelearse en batallas legales, Larry Ellison tiene tiempo para organizar una conferencia, Oracle Open World, que empieza hoy con despliegue de software y hardware. Pero ojo, porque la gente de Salesforce quiere que tengamos claro que su conferencia era mejor.

La suya fue Dreamforce, organizada el mes pasado. Y si esto de las conferencias nos suena puede que sea porque quien más y quien menos, aquí todo el mundo tiene la suya. Facebook, por ejemplo, aprovechó su f8 el mes pasado para lanzar novedades como el polémico Timeline o la integración con servicios de música y vídeo.

Antes de esto pudimos ver la conferencia de IBM sobre Smarter Commerce, otra conferencia de Microsoft con sus socios, la de Apple con desarrolladores donde Steve Jobs presentó iCloud, o la I/O de Google donde nos hablaron de Google Music, y así sucesivamente.

También los medios especializados se han lanzado a la piscina y compiten entre sí por tener a los mejores ponentes, las exclusivas más impactantes y los cotilleos más sonados. Valgan como ejemplo las plataformas de dos blogs rivales: la TechCrunch Disrupt y la D de AllThings Digital.

Empresas y medios aprovechan sus conferencias para lanzar productos o hacer anuncios asegurándose de que conseguirán repercusión. Pero que nadie se crea que esto sale barato: aparte de la típica camiseta y del boli de rigor, no es raro que los asistentes a estas conferencias salgan con un móvil de última generación, una tableta y cualquier otro gadget o regalito corporativo. Y claro, uno no se gasta una fortuna para que venga otro y diga que su fiesta es mejor.

Después de todo, las conferencias no son sólo una presentación de productos, ni un par de días de agasajo  a desarrolladores o periodistas. Son demostraciones de fuerza de las grandes del sector, una prueba de que pueden atraer a más programadores que nadie, regalar más cosas y reservar la mejor sala de San Francisco.

Sin embargo, y según van creciendo en número y volumen, empiezan a parecer también las fiestas de gente más preocupada por su presentación que por su producto presentado.

[Imagen de Tnarik, vía Flickr]


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