Elecciones generales 20N: buscando el milagro en las redes sociales

German Piñeiro, consultor de marketing

(Lo que natura non da, Salamanca non presta)

Sí, sabemos que la “clase política” lo tiene muy complicado para recuperar la confianza del “pueblo”, y captar la atención del ecosistema digital se ha transformado en el gran caballo de batalla, enfrentado a los efectos colaterales del descrédito y la ausencia de fe.

La creatividad de Internet, unida a su naturaleza en tiempo real, son las grandes fortalezas que nuestros políticos destacan en sus, ya vigentes, campañas de marketing político. Las elecciones generales del 20N son para España la primera gran ocasión de demostrar el impacto de las campañas proselitistas online, un tema que ciertamente es importante y cuyos primeros trazos pudimos contemplar en las pasadas elecciones municipales y autonómicas celebradas en mayo.

¿Qué puede aportar la campaña electoral del 20N a la “ciencia política”?

Para analizar el impacto que tendrán las redes sociales y el social media marketing en las estrategias electorales, es necesario analizar las mismas desde los frentes fundamentales que se persiguen cubrir.

Mientras el PSOE busca la ruptura con cualquier reminiscencia del ex-presidente del gobierno, así como acortar la brecha (cada vez mayor) que lo separa de su antagonista, el PP busca la discreción en sus palabras y actos a fin de evitar cometer algún error que pudiera perjudicar los que -a priori- pudieran ser los mejores resultados de su historia como partido político.

Rubalcaba: el llanero solitario

La estrategia de marketing y comunicación que los especialistas han aportado al candidato del PSOE se centra específicamente en él, hasta tal punto que parece que su partido no tiene relevancia alguna. Una acción que se lleva a cabo a raíz de la valoración que el candidato electoral ha obtenido del CIS, donde negociación, eficacia, honestidad y confianza son los valores más resaltados para el candidato socialista.

Rubalcaba se ha aprendido bien la lección y busca concentrar a los “clásicos del PSOE” así como al movimiento 15M abanderando la idea de la recuperación del –nunca bien ponderado- Estado del Bienestar.

Rajoy: discreto y favorito

Rajoy por su parte, se mantiene más en la retaguardia. Y es que, según las encuestas, tiene poco que perder. Abordando los temas candentes (educación, salud, empleo y obviamente el nuevo modelo), el candidato del Partido Popular apuesta por dejarse llevar discretamente, por la vorágine electoral y encargando la gestión de sus cuentas personales en las redes sociales a los miembros de su equipo.

Hasta el momento Facebook, y específicamente Twitter, son las plataformas más utilizadas por ambos candidatos, quienes, inmersos en la espiral de la conectividad permanente, apuestan por los vídeos electorales a través de la red social de microblogging.

Sí, están en Internet… ¿Pero esto es política 2.0?

Si bien es cierto que, en una opción totalmente personal, más pareciera que están centrados en los resultados estadísticos que hablan de número de votos, que en la calidad de los mensajes y las relaciones con los ciudadanos, por lo que en términos de exposición e influencia no parece haber cambio alguno en ésta campaña electoral. Siguen sin escuchar a los ciudadanos, el error más grande de cualquier campaña de social media marketing.

Ello nos lleva a reflexionar sobre el peso específico de las redes sociales en el orden establecido, y sobre cómo la Ciencia Política se ha deteriorado hasta tal punto que la recuperación de la reputación – si bien un tema de gran relevancia- sigue adormecida entre las cifras finales.

¿Quién gobernará? Esa es la clave, aunque para ello volvamos a dejar en el camino la verdadera naturaleza del cambio que la dicotomía provocada por los movimientos sociales y la crisis actual nos ha puesto sobre la mesa.

Ahora bien, más allá de saber que Mariano Rajoy podría ser el próximo presidente del gobierno en un país como España, azotado por la sombra de la crisis y siempre amenazado por un destino semejante a las economías más damnificadas; más allá de las estrategias – tan poco originales- de lanzar el libro autobiográfico En confianza, algo que ya hizo Obama inmerso en su “Yes, we can” pero con bastante más estilo; y más allá de la imagen pausada, independiente, confiable y comprometida que se esté vendiendo del eterno candidato, lo cierto es que la política 2.0 tiene ante sí un enorme desafío y un objetivo históricamente incumplido.

Bien podríamos recomendarle a los directores de campaña y asesores de marketing de ambos candidatos que tengan a bien acercarse a la próxima edición de @politica2cero, o al menos sigan el hashtag de Twitter #politica2cero para captar un ápice de lo que significa dicha política 2.0.

Dentro o fuera de Internet: escuchen y hablen claro

Estamos avanzando por una de las crisis más profundas y con mayor incertidumbre de la historia. Las piezas del dominó caen globalmente con cada hecho o suceso, poniendo de manifiesto la debilidad de los hilos que dirigen el orden social y comprometiendo un sistema obsoleto que atenta constantemente contra la sostenibilidad y los derechos humanos.

Las campañas electorales vigentes en los medios sociales no abordan el problema de fondo. Ninguno de los candidatos electorales apuesta por un nuevo modelo, ninguno de ellos habla realmente de cómo se logrará establecer un modelo educativo acorde con los tiempos, de cómo se situará a la salud en el estatus de “derecho”, de cómo se fomentará el autoempleo a fin de eliminar el principal obstáculo de la economía… En definitiva, de cómo se transparentarán las decisiones y cómo se apostará por un mundo más justo y equilibrado entre las diferentes clases sociales.

Tal y como decíamos al comienzo, el descrédito y la falta de confianza son las principales razones que impiden la evolución favorable de las economías. Abuso, especulación y años en los que crecer, acumular poder y sentarse al lado de los grandes en las cumbres han sido los principales objetivos de los políticos.

No es un tema de menor importancia que el mundo va a seguir cambiando, y concretamente en España, el gran hándicap al que se enfrenta la “clase política” radica en la idiosincrasia de su gente. España no aprende que para brillar hay que trabajar, con o sin redes sociales, que finalmente son un instrumento y no una solución que trata de tapar el principal problema de la clase política española: no saber escuchar, a los que les votan y a los que no, porque al final deberán de gobernar para todos.


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