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Los tesoros que guardamos en la nube también se heredan

Según una encuesta de Rackspace, los británicos tienen ya en la nube información por valor de 2.300 millones de libras (unos 2.600 millones de euros), que no está nada mal para un negocio aún en crecimiento.

Esa cifra se refiere sólo a los archivos personales, como vídeos, libros o fotografías que suben los usuarios, y probablemente se quedaría pequeña si la comparásemos con el valor de los datos que suben las empresas a servicios de computación en nube, ya sean propios o ajenos.

Para asegurarse de que todo un legado de archivos digitales que dan testimonio de una vida permanece dentro de la familia en lugar de languidecer en un vacío cibernético, el estudio asegura que ya hay un diez por ciento de británicos que incluye sus contraseñas en su testamento.

Si en el pasado nos hemos preguntado qué ocurre con nuestra presencia online cuando morimos, es lógico que también tomemos medidas para proteger nuestras posesiones virtuales en caso de fallecimiento. Al fin y al cabo, ¿acaso son menos valiosas las inmensas bibliotecas de música en MP3, o los largos álbumes de fotos digitales, que los tomos y las cajas que heredamos de nuestros abuelos?

Otro detalle interesante de la encuesta es que dos tercios de los británicos utiliza servicios de computación en nube sin darse cuenta o sin saberlo. Es una de las cuatro categorías de usuarios identificados según su forma de intereactuar con los servicios cloud. Las otras tres son:

–  E-acaparadores (8%): guardan todo tipo de contenidos en la nube, tanto por seguridad como por despejar el espacio físico que les rodea. El problema es que sus archivos digitales suelen ser caóticos y desorganizados.

Escépticos (20%): aunque utilicen servicios cloud, no acaban de fiarse de cuestiones como dónde están realmente guardados sus archivos o quién puede tener acceso a ellos.

Niños y adolescentes: en la cabeza de los nativos digitales se difuminan las fronteras entre hardware, software y datos. Simplemente quieren disponer de sus archivos allí donde están. Son, lógicamente, la mayor esperanza del cloud.


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