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Ángeles, incubadoras y venture: cómo se financia una startup

Nada como juntar a un puñado de inversores, emprendedores y asesores para hacerse una idea de cómo funciona la maquinaria que mantiene una startup alimentada, calentita y financiada.

Las Jornadas de Financiación de Startups reunieron el miércoles en Madrid a la profesora Teresa Mariño, el inversor de capital riesgo Roberto Saint Malo,  Luis Rivera (de la aceleradora Tetuán Valley, Okuri y Startup Bootcam), el business angel Aquilino Peña y Rodolfo Carpintier, de la incubadora DAD, representantes de modelos muy distintos de financiación a disposición de los emprendedores.

Para poner un poco de orden, acudimos a las indicaciones de Peña sobre el crecimiento de una startup, empezando por conocido dinero de las FFF (family, friends and fools) y los business angels -con cuidado de buscar el adecuado-, que junto con las incubadoras y aceleradoras dan forma a un producto incipiente.

A la empresa que ya está arrancando le conviene acudir a los super angels (es decir, los de más dinero) y a los fondos de capital riesgo, que encuentran más rentable entrar en empresas ya formadas. Es cuando todo va bien, y la empresa entra en la codiciada fase de expansión, cuando se acude a los fondos de inversión, antes de la salida a bolsa.

Varios de los ponentes recordaron también que las ayudas del estado (como los préstamos de ENISA o el CDTi, así como la asesoría del ICEX para salir del país) pueden ser de gran ayuda. Pero ojo, que algo en lo que muchos estuvieron de acuerdo es algo quizá inesperado: no necesitamos tanto dinero. Y de hecho, es peor tener más dinero del necesario porque hace a las startups lentas y "adocenadas".

Una vez claro el camino, la clave para conseguir el dinero parece reducirse a dos a ojos de los inversores: un modelo de negocio consistente y el carisma, o magnetismo, ese "algo especial" del emprendedor y su equipo. Algo que les haga pensar

¿Más apuntes de la jornada? Que falta implicación de las universidades en la creación de nuevas empresas, que hay que tener claro de dónde vendran los ingresos, y sobre todo, que la crisis es el mejor momento de lanzarse a la piscina de las startups.

Y para los codiciosos, otra pista: nadie va a invertir en un proyecto secreto que el emprendedor se niega a contarle a nadie por miedo a que le copien. Al fin y al cabo, contarlo y comentarlo es como una consultaría gratis.


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