Fuimos de visita: ESOC, el centro de operaciones de la Agencia Espacial Europea

En nuestro pasado viaje a Alemania tuvimos la oportunidad de dar un paseo por el ESOC, el Centro de Operaciones Espaciales que mantiene la Agencia Espacial Europea en la ciudad de Darmstadt, hogar de multitud de empresas tecnológicas, ya sean gigantes como Software AG y SAP o pequeñas startups, en especial del mundo del software. Os contamos lo que vimos.

La visita estrella, claro, es la sala desde donde se controlan los lanzamientos de naves y satélites varios. Aunque una reciente reforma le quitó ese aire retro y setentero con las consolas en la mesa, ahora lo que vemos es de lo más futurista, con enormes pantallas, sillas que parecen sacadas de una película de ciencia ficción y un cartel donde se van apuntando los lanzamientos con éxito.

Esoc02

Tampoco es que los intentos fallidos se destierren al olvido. Al salir de la sala, encontramos en un pasillo los restos de una nave estrellada en su despegue y conservada ahora en una vitrina. Y en los paseos entre unos edificios y otros encontramos réplicas de sondas, telescopios y demás artilugios enviados al espacio por la Agencia Espacial Europea.

Algo que tranquilizará a los aficionados es que hay una copia de seguridad del sistema que controla los satélites. No es que antes no hubiera un Plan B, es que antes estaban en la misma sala, y ahora se han separado. Aunque ambos en la sede de Darmstadt, se mantienen en edificios distintos, atendidos por expertos en su pecera de cristal.

Telescopio

Un detalle curioso sobre el centro es que, dado que algunas misiones se lanzaron hace años y siguen vigentes, en el ESOC conviven tecnologías dispares, con máquinas y software que más de uno consideraría piezas de museo, porque es más sencillo seguir utilizando los sistemas que ya funcionan que intentar adaptar las máquinas (que, recordemos, están en el espacio) y re-entrenar a los expertos que las controlan. En otras palabras: puede que su sala de control sea futurista, pero hay muchas otras que son, digamos, nostálgicas..

Controlar misiones es algo que requiere paciencia. Los responsables se pasan horas frente a su mesa, pero sólo durante unas pocas pueden comunicarse directamente con los satélites, sondas y demás naves. Eso obliga a automatizar todos los mecanismos posibles para aprovechar al máximo las ventanas -cuando una nave tiene contacto visual con alguna de las estaciones de seguimiento- en las que se le pueden mandar instrucciones o recoger su información.

Por eso, uno de los objetivos de los ingenieros de la ESA es conseguir que las máquinas, tanto en tierra como en misiones, puedan aprender cada vez más a pensar por sí mismas, identificando anomalías antes de que se conviertan en problemas y respondiendo a incidencias.

Otro de los problemas a los que se enfrentan, tanto en ESOC como en la red de seguimiento de satélites de la Agencia, es el de evitar colisiones entre satélites, o de satélites con el creciente número de objetos inútiles (basura espacial) que orbitan en torno a la Tierra. Y para este y otros menesteres de satélites, por supuesto, tienen su propio equipo, que trabaja en el despliegue del sistema de posicionamiento Galileo, que competirá con el GPS estadounidense.

Pero entre satélites, telescopios, pantallas que parecen sacadas de un videojuego y servidores que almacenan lo que aprendemos del espacio, quizá lo más llamativo del ESOC es el aire desenfadado. En las puertas de cristal del centro de mando, una pegatina recuerda cada misión como en la carpeta de un adolescente. El bullicioso comedor es una babel, con personal extranjero proporcional a la participación de los países que forman la Agencia, lo que le da a todo un cierto aire de Erasmus. Frente a la puerta de la cafetería, el grupo de teatro local vende entradas para una obra de Terry Prachett. Y cuesta recordar que estas gentes aparentemente comunes están, en realidad, explorando el universo.


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