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El emprendedor autojustificado

Por Rodolfo Carpintier, Presidente de DaD

No hay nada peor que un emprendedor que cree que lo está haciendo todo bien. Dedica 15 a 18 horas diarias a su empresa, está sobrecargado y le parece que la magnitud de su entrega justifica que todo lo demás no cumpla los objetivos.

No perdamos la perspectiva. Claro que hay que trabajar mucho, pero hay que hacerlo en las cosas importantes, saber delegar y no querer hacerlo todo uno mismo.

Lo primero que el emprendedor tiende a olvidar es al inversor. Una vez conseguido el dinero, se dice, ahora es mi hora y el inversor no puede ayudarme -eso sí, hasta que vuelva a necesitar dinero. Cuidar al inversor es imprescindible. Muchos de ellos, debidamente informados, pueden ser unos consultores de alto nivel gratuitos y no se debe menospreciar su aportación.

Por otro lado, nadie puede hacerlo todo y mis mayores fracasos los he tenido siempre con gente que se creía indispensable, no informaba a nadie y creía que el dinero llovía del cielo porque cerró su primera ronda en un pispás.

Hay que entender que, más adelante, cuando se necesitó una segunda ronda, el inversor que ya sabe que el emprendedor "ha quemado" unos cuantos cientos de miles de euros, quiere saber por qué debería aportar nuevos fondos, a valoraciones más altas y no va a dejar piedra sin revolver. Querrá saber cómo ha ido el plan de negocio inicial, el grado de cumplimiento de los objetivos, etc. Le importará un bledo que el emprendedor se esté dejando la piel. Es más, apreciará mucho más un emprendedor que parece currante pero relajado, y sea capaz de atender una reunión sin mirar veinte veces al móvil.

No os auto-justifiquéis el trabajo, muy necesario, no es suficiente para triunfar. Hay que saber delegar y centrarse en los aspectos estratégicos a medio y largo plazo. El día a día lo tiene que tener controlado vuestro equipo.


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