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Siete propuestas para startups sin miedo

Hay quien se hace millonario a partir de una idea absurda. Y hay quien puede tener una idea brillante, pero le asusta la perspectiva de ponerla en práctica… y en consecuencia, de hacerse millonario con ella.

Sin embargo, tal reacción no es una muestra de cobardía o debilidad, sino de cordura. No sólo por la cantidad de trabajo que implican, sino porque las grandes ideas amenazan la identidad de cualquiera, que llegará a preguntarse si dispone de la capacidad o la ambición suficientes para llevarlas a cabo.

Estas reflexiones las encontramos en el blog de Paul Graham, emprendedor y ahora inversor a través de Y Combinator. Por su interés reproducimos las siete ideas que Paul lanza para emprendedores sin miedo, esas que el subconsciente descarta precisamente por su enorme potencial.

1. Un nuevo buscador

Desarrollar un nuevo buscador significa competir con Google, una aventura en la que incluso Microsoft ha fracasado. Pero para Paul, Google ya no es lo que era, porque ha perdido la honestidad y limpieza que tenía al principio. Lo cual deja esperanzas a alguien capaz de mejorarlo.

La idea ganadora sería desarrollar un motor de búsqueda que fuera útil para los hackers. Si una comunidad de 10.000 hackers de prier nivel lograra desarrollar un buscador a su gusto, tendríamos el Google de hace una década. Según Graham, si consigues crear algo que tus amigos prefieren a Google, ya has recorrido el 10% de una OPV, como hizo Facebook cuando se convirtió en popular entre los estudiantes de Harvard.

2. Reemplazar el email

El email no se inventó para el uso que tiene actualmente. El correo electrónico no es un protocolo de mensajería, sino una lista de tareas. O mejor dicho, la bandeja de entrada es una lista de tareas y el correo electrónico es la forma en que entran ahí. Pero en opinión de Paul, es una lista de tareas desastrosamente mal hecha.

La solución no pasa por comprimir la carpeta de entrada, sino por un nuevo protocolo que otorgue más poder al receptor, y más restricciones a lo que la gente puede poner en nuestra lista de tareas. Y la gente estará dispuesta a pagar por una solución mejor, dado la cantidad de tiempo que pasan utilizando el email.

3. Reemplazar las universidades

Las universidades no desaparecerán, pero perderán el monopolio de facto que tienen sobre algunas competencias educativas. La gente aprenderá diferentes cosas de diferente forma, y las universidades perderán prestigio social y credenciales.

4. Películas en Internet

Gran parte del tiempo que la gente pasa actualmente viendo la TV puede ser sustituido por cosas que parecen completamente ajenas, como redes sociales o juegos. Pero siempre habrá demanda para los argumentos tradicionales incluso en los TVs conectados (ver una película “de las de toda la vida”), lo que da oportunidades a plataformas de aplicaciones, contenidos, pagos y proveedores de infraestructuras.

5. El próximo Steve Jobs

Quien más, quien menos sospecha que Apple nunca será lo mismo sin Steve Jobs. Seguirá teniendo ingresos, pero derivados de sus productos actuales. Pero es muy probable que el próximo-producto-rompe-mercados lo desarrolle otra compañía, y no Apple. Entonces, ¿quién? Deberá ser una startup, porque sólo en una startup puede crecer un visionario. No puede ser contratado ni despedido, sólo puede crecer con su compañía.

¿Un plan demasiado ambicioso? Tal vez, pero el mismo ejemplo de superación de Apple y Steve Jobs demuestra que no es imposible. Y en el fondo, recuerda Paul Graham, “el próximo Steve Jobs” no tiene que medirse con Steve Jobs. Simplemente hacer las cosas mejor que Nokia, Samsung o HP, lo cual es bastante más factible.

6. Retomar la Ley de Moore

La Ley de Moore funcionó durante muchos años, pero ha perdido vigencia: Intel ya no puede hacer CPUs más rápidas, sólo darnos más, dice Graham. Por eso sería magnífico si una startup fuera capaz de crear un software que hiciera funcionar varias CPUs en paralelo, de forma que para el desarrollador fuera el equivalente a manejar una potentísima CPU.

7. Diagnósticos precoces

En el futuro, las generaciones se asombrarán de que ahora vayamos al médico sólo cuando mostramos síntomas evidentes de una enfermedad, a veces ya desarrollada sin remedio. Los diagnósticos precoces que detectarán enfermedades en ciernes serán comunes dentro de 50 años, y nuestros nietos nos contemplarán con la misma lástima con que ahora miramos a los pacientes que sufrían operaciones sin anestesia.


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