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Mi teléfono inteligente me sigue esclavizando. Especial WhatsApp

Paula López, Marketing Executive en Basekit 

Hace algún tiempo compartía en un blog amigo la experiencia de vivir esclavizado por tu teléfono inteligente. No sé cómo vais en este sentido, yo, personalmente lo intenté, de verdad que lo intenté, pero WhatsApp llegó a mi vida, y nunca nada volvió a ser igual.

Las cifras nos dicen que unos 10 millones son los usuarios habituales de WhatsApp en nuestro país. Con estos datos sobre la mesa, parece que este servicio que permite enviar mensajes entre teléfonos inteligentes se ha convertido en una aplicación imprescindible para muchos de nosotros, entre los que no tengo más remedio que incluirme. Y el sentimiento que me produce es ambiguo. Por un lado, no se puede negar, que nuestro bolsillo nos lo agradece, que en los tiempos que corren no es poco, y por otro nos ha ayudado a estar más cerca de aquellas personas con las que realmente queremos estar, mediante una comunicación rápida, directa, sin interferencias y desde cualquier lugar.

Aunque también, esta nueva herramienta ha traído otros problemas a nuestra vida cotidiana. Hablemos de uno de estos problemas más en concreto: el “síndrome del doble check”. Un nuevo síndrome psicológico que se va extendiendo poco a poco entre los usuarios de la aplicación, y que se agrava si estás enamorado.

Si usas WhatsApp, sabrás la importancia de esos dos tickets que indican que la persona con la que estás hablando ha recibido tu mensaje. Si el “otro” en cuestión te contesta, todo va bien, pero si no lo hace… Ahí es cuando surge la inquietud, el desasosiego y la desesperación… Un sentimiento que va in crescendo según va aumentando el tiempo de no respuesta.

Y es que amigos, ya lo decían recientemente en un corto finalista del Notodofilmfest.com, que posiblemente ya habrás visto: el doble check es dios!

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Por esa misma razón es prácticamente imposible decir “No, es que no leí tu mensaje”, “No, es que no lo recibí”, ya que el doble check te delata al señalar que efectivamente sí que recibiste el mensaje. Y aunque recientemente desmentían esta cuestión en el mismísimo canal oficial de la aplicación, el sentimiento de inquietud cuando la respuesta no llega, no desaparece.

Whatsapp

Llegados a este punto, momento entonces para la reflexión. Echamos la vista atrás. No sé si cualquier tiempo pasado fue mejor, pero lo cierto es que aún recuerdo con nostalgia aquellos días en los que no hacía falta que nos whatsappearamos, nos twittearamos o facebooquearamos para quedar con nuestros amigos, y las relaciones fluían de una manera sencilla, natural y no tan estresante.

Nosotros mismos teníamos más tiempo para la relajación mental, el asueto intelectual. Aprovechábamos los trayectos entre nuestra casa y lugares de trabajo o estudios, para repasar apuntes, leer, hablar con el compañero de asiento en el autobús… Ahora parece que estamos esperando cualquier minuto “libre” para engancharnos al móvil y saciar nuestro “mono comunicador”. Nos hemos acostumbrado a “desconectar” de forma cada vez más frecuente de nuestra vida real y vivir una vida virtual, y de forma progresiva vemos como cada vez dedicamos más tiempo a la segunda. La pregunta surge y la posible respuesta me asusta: ¿Llegará el momento en el que nuestro mundo virtual absorba casi totalmente al 1.0? ¿Qué pensáis?

Artículo original publicado en Momento Geek


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