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Las impresoras 3D pueden ser un problema para los derechos de autor

Las imporesoras 3D son sin duda uno de los gadgets más novedosos y futuristas que poco a poco iremos viendo en los próximos meses. Pero si analizamos el tema en profundidad nos encontramos con un problema de difícil solución: ¿quién posee la propiedad intelectual de un archivo impreso?

Pocos gadgets han conseguido despertar tal expectación como para que incluso Barack Obama haga referencia a ellos en uno de sus discursos. Las impresoras 3D lo han conseguido. "La impresión 3D tiene el potencial de revolucionar la manera en que hacemos casi todo", aseguró el presidente de EEUU, siempre al día en nuevas tecnologías.

          Impresora 3d

Efectivamente, la impresión 3D ya ha cambiado la manera de hacer muchas cosas, aunque este cambio aún se encuentra en su fase de maduración. Entre lo que se espera que pueda hacer en el futuro esta tecnología se encuentran propuestas innovadoras como el bioprinting, o la capacidad de imprimir células vivas para una multitud de usos médicos.

Según publica el blog de Yaxis Magazine, fuera del sector industrial el uso de esta tecnología también está dando mucho que hablar. Los usuarios más creativos han empezado a compartir y modificar sus diseños a través de portales como Cubify o Thingiverse. Una vez estén publicados estos diseños, el resto de usuarios puede descargar el archivo y utilizar su impresora 3D para su impresión/fabricación.

Y esto no es todo. A medida que la calidad de los escáneres digitales 3D vaya aumentando y estén disponibles para todo el público, cualquiera podrá escanear cualquier elemento y hacer una copia casi indistinguible del original. Justo en este punto es donde comienza el problema.

Que la tecnología nos permita hacer una copia de cualquier tipo de objeto no significa que esté permitido hacer esa copia. Muchos de estos elementos pueden no ser de libre posesión pública y estar ligados a patentes o derechos de autor. Por lo tanto, la impresión 3D podría acabar convirtiéndose en una práctica legalmente problemática, o incluso llegar a ser ilegal.

Como ya sabemos, siempre que un objeto puede ser recopilado en un archivo digital, se vuelve más susceptible a la difusión ilegal (o alegal). Sólo tenemos que pensar en la música y las películas, que desde que la tecnología permitió su difusión en línea dio lugar al nacimiento de la piratería. Esto le costó miles de millones de dólares a la industria del entretenimiento, que necesitó años para lograr la creación de nuevos modelos de negocio como iTunes y Netflix, y que a día de hoy, sólo han resuelto el problema de forma parcial.

En la actualidad, no existe ningún precedente para determinar si los diseños subidos tienen copyright o pueden ser copiados legalmente. Debido a esto, el mercado de la impresión 3D está funcionando por el momento en un área legal bastante gris e indefinida.

John Arsenault, un abogado especializado en temas de derechos de autor y marcas registradas, fundamentalmente en asuntos cibernéticos, cree que esta progresión tecnológica dará lugar a que los fabricantes ofrezcan el uso de sus diseños a cambio de un pago, algo similar a los servicios de descarga de música de hoy en día.

Entonces, ¿es necesario crear un modelo de negocio cuanto antes para evitar futuros problemas con este tema? ¿O será inevitable una nueva polémica sobre los derechos de autor en el ámbito de la impresión 3D?

La solución ideal sería un equilibrio entre las empresas y sus clientes, a través del cual ambas partes podrían obtener beneficios mutuos gracias a la colaboración. Lo sabemos, eso es toda una utopía.


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