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La Capilla Sixtina es hoy uno de los lugares más seguros del mundo

Sixtina chappel

Desde hace siglos, la Iglesia Católica ha elegido a su máximo representante en un cónclave celebrado en la Capilla Sixtina del Vaticano. Antes, bastaba con cerrar las puertas (en italiano, “conclave” puede traducirse como “con llave”) para que ninguna de las deliberaciones de los cardenales pudiera ser escuchada desde fuera. Hoy en día, hace falta algo más.

Después del escándalo de Vatileaks, supuestamente uno de los motivos de la renuncia de Benedicto XVI, el Vaticano no quiere que se produzca la más mínima filtración. Por eso ha recurrido a todo un arsenal tecnológico para que ningún mensaje electrónico pueda anunciar al mundo antes que la fumata blanca que hay nuevo Papa .

Si Miguel Ángel pudiera levantar la cabeza vería que bajo la bóveda de su Juicio Final se ha instalado un falso suelo, que esconde inhibidores de frecuencia para interferir cualquier señal electrónica. Por eso, incluso los periodistas, turistas o curiosos que hoy se acerquen por la plaza de San Pedro podrían tener problemas con las conexiones de sus móviles, debido a las llamadas jaulas de Faraday.

Además, antes de que empiece el cónclave se escanerá la sala en busca de micrófonos ocultos, al igual que las habitaciones donde se alojan los 115 cardenales. Estos tampoco podrán utilizar Twitter ni el correo electrónico hasta que no termine la elección. Estarán aislados del mundo exterior, salvo que se les conceda un permiso especial por situaciones de extrema gravedad.
 


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