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¿Es conveniente ser estúpido en el trabajo?

¿Son los tontos más felices? El interminable debate sobre “la ignorancia como felicidad” ha sido abordado recientemente por un artículo de la revista New Scientist. El artículo planteaba la siguiente pregunta: si ser inteligente es una ventaja evolutiva, ¿por qué no todos somos uniformemente inteligentes? Por otro lado, un artículo del Journal of Management Studies titulado "A Stupidity-Based Theory of Organisations” afirma que la estupidez puede aumentar la eficiencia.

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Ambas publicaciones nos llevan inevitablemente a reflexionar sobre si ser inteligente es realmente un beneficio, o si en ocasiones es más eficaz ser o parecer estúpido. Según explica Mats Alvesson, profesor de la Universidad de Lund en Suecia, en el artículo mencionado, estamos ante lo que ellos llaman "estupidez funcional".

Para entenderlo, basta con pensar en el siguiente ejemplo: cuando en una organización muchas personas inteligentes levantan la mano para hacer sugerencias interesantes o hacer preguntas perturbadoras sobre las decisiones y las estructuras, el trabajo se vuelve más lento. Efectivamente, a primera vista la reflexión crítica y la perspicacia son activos positivos, pero en la práctica, y paradójicamente, esto puede entorpecer la productividad de una organización.

Sin embargo, según los autores del estudio, la estupidez incrementa la productividad. Las personas conformes en un ambiente de estupidez funcional llegan a un consenso más fácilmente, y gracias a este consenso se produce un mayor entusiasmo para concentrarse en el trabajo.

Por otro lado, la inteligencia conlleva otra serie de inconvenientes de los que carecen aquellos dotados con menor capacidad. Por ejemplo, una persona que nunca ha tenido problemas a nivel académico en el colegio, y que ha aprobado los cursos sin esforzarse demasiado, tiene más probabilidades de sentirse frustrado cuando no consigue mejorar en su trabajo a pesar de sus esfuerzos.

Además, en algunas ocasiones, ser más listo, más rápido y más dotado que los demás puede mantenerte estancado en tu actual puesto de trabajo durante más tiempo. En ocasiones, ser excepcionalmente bueno en lo que haces puede ser un impedimento para ser ascendido. Por ejemplo, cuando eres un asistente tan organizado y eficaz que tu jefe tiene dificultades para funcionar sin ti, es muy probable que éste quiera mantenerte como su asistente el mayor tiempo posible, y no considerará ascenderte para que dejes de estar a su servicio.

No obstante, debemos tener en cuenta que hay una gran diferencia entre ser realmente poco inteligente y actuar como si lo fueras. El truco no está en hacerse el tonto, sino más bien en aprender cuándo hacer valer tu inteligencia y cuándo ocultarla. Una cosa es ser muy inteligente, y otra muy diferente es hacer ver a todo el mundo lo inteligente que eres. Aquellos que no sienten esa terrible necesidad de mostrar sus capacidades al mundo, podrían incluso beneficiarse de un mayor número de oportunidades.

En resumen, podríamos decir que la palabra "funcional" es la clave de todo esto. Ser estúpido funciona en el trabajo si eres lo suficientemente inteligente como para saber cuando no serlo. Y tú, ¿te has hecho alguna vez el tonto?


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