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Emprender desde el cole: niños innovadores

Javier lorente

Javier Lorente, Ingeniero de Telecomunicaciones de Telefónica

Hablamos frecuentemente del estado de nuestras universidades en España con respecto a la preparación frente a los retos del mercado laboral. Pero, ¿no deberíamos empezar antes?

Hoy día reconocemos que antes de los 10 años se forman muchísimas de las habilidades que forjan a los deportistas, o la capacidad de bilingüismo absoluto. ¿No se aplica lo mismo a nuestras cualidades profesionales?

He tenido la ocasión de tener a mis 3 hijos en Inglaterra durante 3 años, e impregnarme del planteamiento que al menos su colegio aquí (y evitaré caer en la generalización) tiene al enfrentarse a la formación. Es posible que este sea el primer post de una serie de ellos sobre este asunto, y he querido empezar por las manualidades tecnológicas.

Casi todos hemos realizado en el colegio algún artefacto que podamos calificar de tecnológico. Para el caso de estudio, estoy pensando en un coche móvil que pueda aguantar el peso de un huevo. Y estoy pensando en niños de 1º de Primaria (6-7 años).

En España habitualmente se realizan estos trabajos siguiendo el diseño del profesor (en el mejor de los casos; si no, copiado de algún libro), usando una serie de materiales estándar y llevando un ritmo sincronizado de toda la clase para mayor comodidad. El resultado, una bonita serie de vehículos fáciles de calificar y que hacen las delicias de los padres cuando recogen a los niños a la salida de clase.

Pero veamos cómo se realiza el mismo ejercicio en Reino Unido:

– Cada niño tiene que investigar un poco sobre los requisitos para el trabajo a realizar, los distintos materiales a utilizar, etc.

– Cada niño elige los materiales que quiere.

– Cada niño elige el diseño que quiere, y no me refiero a colores, sino a cosas como la distancia entre ejes, por ejemplo.

– Cada niño tiene que diseñar un plan de trabajo y organizarse: qué hacer primero, qué después. Este plan incluye una lista de objetivos (check list) a alcanzar.

– Cada niño explica a la clase sus elecciones, y se realimentan las buenas ideas.

– Cada niño tiene que probar su vehículo lanzándolo por una ligera pendiente.

– Cada niño tiene que hacer un informe final de evaluación, sobre qué mejoraría del proceso, qué materiales cambiaría, qué haría distinto, y cuánto de la checklist y en qué medida se ha cumplido.

No terminaré con la pregunta retórica de dónde van a surgir más niños más innovadores, pero sí con otra pregunta: ¿cuáles son las barreras para seguir este proceso en las aulas españolas?


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