BAQUIA

Reducir tamaño y precio para abrir nuevos mercados

¿Cómo es posible que el creador del gran éxito de IBM pudiera cometer semejante error de cálculo? Muy sencillo: estaba hablando de ordenadores que costaban cientos de millones de dólares y que necesitaban un edificio entero para su localización, amén de consumir más electricidad que muchos pueblos grandes. No se le ocurrió pensar que, con el tiempo, la tecnología nos permitiría llevar en nuestro bolsillo un smartphone con miles de veces la capacidad de los ordenadores de entonces y que sólo necesitarían una batería de nada para funcionar a un precio irrisorio comparado con sus predecesores.

Por eso es tan importante el desarrollo del Internet de las cosas. Sensores cada día más potentes, baratos y pequeños, se podrán incrustar en cualquier cosa. Desde un peine que analizará la salud del cabello y estará conectado a un centro de datos que propondrá tratamientos específicos para evitar la calvicie -un servicio, probablemente gratuito, financiado por los fabricantes de crecepelo- hasta chips subcutáneos que serán verdaderos centros de salud conectados a servicios médicos especializados en todo tipo de tratamientos.

Por eso es tan importante, cuando realmente se quiere innovar, no partir de limitaciones existentes en la actualidad y ser capaces de visualizar saltos tecnológicos de 20 años.


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