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Emprender es cuestión de actitud

Mientras me documentaba para un artículo para otro de los proyectos en los que participo, Happymente.com, es publicidad, pero poca, porque es la razón por la que llego a escribir éste, me encontré con un video de Pau García-Mila, titulado \”Todavía está todo por hacer\”. Puedes encontrarlo en Happymente.

He seguido a Pau con cierta curiosidad por ver la evolución de ese chaval que salía en Buenafuente y que se parecía más al Sheldon de Big Bang, que al típico emprendedor del garaje ensalzado por la cultura americana. El muchacho se hizo mayor hace mucho y se ha convertido en un conferenciante ameno, que cuenta historias interesantes y lanza mensajes muy poderosos. En la conferencia que enlazo Pau destaca que el 80% de los aspirantes a emprendedores, que acuden a ser entrevistados a su programa de radio, exactamente 240 de 300, afirman que no se han decidido a poner en marcha su proyecto por la opinión del entorno. No han sido razonces técnicas, económicas o de capacidad de gestión, que podrían parecer los principales frenos, ha sido la opinión de otras personas, lo que ha impedido que esos proyectos se pongan en marcha. Interesante y dramático al mismo tiempo.

Una de las primeras cosas que uno descubre cuando se decide a hacer pruebas, con el software por ejemplo, o a la hora de valorar un diseño, es como obtener resultados que puedan ser representativos, que nos sirvan para algo. Así que lo primero que debería aprender un aspirante a emprendedor es a evaluar la respuesta en función del encuestado. Sobre todo si se hace en el entorno cercano.

García-Mila ofrece otra receta interesante para lograr el éxito de un proyecto y reducir el impacto de la suerte, recomiendo de nuevo que veas el video, que podría resumirse en perseverancia, respeto y morro. La perseverancia conduce al éxito y descubrir dónde está la línea entre el respeto y el morro, es un factor determinante para aprovechar las oportunidades. Algo que muchas veces se achaca a la suerte.

En Happymente tratamos frecuentemente todo lo relacionado con la capacidad de las personas para hacer lo que realmente les apetezca. Es así porque a menudo nos presentan excusas similares para realizar cambios relevantes en sus vidas. Las dos más importantes son: no puedo, porque no se, y no tengo dinero ergo no puedo permitírmelo. Estas son aplicables también a muchos emprendedores y proyectos.

En el caso de los nuevos emprendedores, que ponen en marcha un negocio, añadiría una tercera: la actitud puede dificultar el éxito de tus proyectos. Incluso en los que creen en ellos, hay personas que emprenden, manteniendo una visión más o menos negativa del papel del empresario. Encuentro a menudo personas que intentan ajustarse a la realidad que interpretan, que les han venido contando desde que nacieron: los empresarios son malos. Eso genera una suerte de síndrome de Estocolmo, convirtiendo al nuevo empresario en el rehén de los prejuicios, que toda una sociedad ha hecho suyos durante años.

Desde un punto de vista psicológico superar semejante barrera es muy difícil. Hacer algo en lo que a un nivel fundamental estás, en mayor o menor parte, en desacuerdo. Es una fuente de conflictos internos que sin duda mermará nuestra capacidad y limitará las opciones y oportunidades.

Por lo tanto para que a todos nos vaya mejor, más emprendedores igual a más economía y mayores oportunidades, sugiero que preguntemos a los demás, y tengamos en cuenta su opinión, pero relativizándola dependiendo de la fuente, y que si realmente quieres emprender dejes atrás lo antes posible los complejos de clase, sociales o de cualquier otro tipo. Persevera porque no es fácil acertar a la primera y échale algo de morro. Una empresa es algo muy complejo, las soluciones obvias pueden ser válidas para sacarte un sueldo, pero para triunfar empieza a mirar las cosas desde otras perspectivas, precisas de toda tu energía e inteligencia, con una buena dosis de creatividad e imaginación.

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