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Startups: branding para valientes

En la última década hemos visto nacer, tanto a escala global como en España, numerosas empresas, sobre todo del entorno digital, que poco a poco han ido conociéndose por el término genérico “startup”. Además de pensar en el modelo de negocio, o la creación de productos y servicios, toda nueva startup genera también el nacimiento de una nueva marca.

El mercado de este tipo de compañías tiene peculiaridades que le hacen único: alto componente innovador, entorno digital, gran número de competidores, nuevos nombres y marcas cada año, y alta necesidad de atraer inversores. Son muchas las piezas a encajar para aquel que se decida a crear una marca en este contexto.

Las startups son uno de los retos del branding de esta década. Hablamos de compañías jóvenes, innovadoras, valientes y con un largo camino que recorrer; compañías que deben estar preparadas para crecer. Pero un negocio no puede crecer a menos que haya sido definido de forma apropiada desde el principio, y es aquí donde la construcción de marcas cobra un papel fundamental: propuesta de valor, personalidad propia y diferencial, y una identidad visual y verbal coherente y consistente.

Pongamos ahora la atención en una de las bases en la creación de marca: el naming. En la creación del nombre de una startup deben tenerse en cuenta todas las circunstancias particulares que le rodean. La elección de un nombre u otro, así como el resto de la identidad que se defina, nos dará pistas sobre la personalidad de la compañía. Pero al final, lo que realmente va a dar sentido a la marca, va a ser cómo se comporte día a día, y las experiencias que genere en sus audiencias.

¿Qué características debería cumplir el nombre de una startup?

Abstracto. Una startup cambia su modelo de negocio 2,7 veces de media en los primeros años. Los nombres abstractos permiten que el modelo de negocio crezca y su evolución hacia nuevas actividades no se vea condicionada. Además, facilitan la difícil tarea de registro y compra de dominios. Los nombres abstractos son limpios, vacíos, sin asociaciones negativas en ninguna cultura, perfectos para dotarlos de nuevos significados.

Global. Las startups están concebidas para operar globalmente, por lo que deben ser capaces de funcionar en cualquier cultura, idioma y sector. Sus nombres deben tener musicalidad y ser pronunciables en diferentes idiomas.

Simple. Las startups nacen y desarrollan su actividad principalmente en entornos digitales. Por tanto, deben tener nombres cortos, simples, directos y preparados para optimizar su funcionamiento en este tipo de entornos.

Provocativo. Una startup tiene la necesidad de llamar la atención y atraer inversores. Sus nombres deben ser originales y evocativos, con gran impacto visual, y modernos, por estar dentro de los códigos emergentes del sector.

Sonoro. En el ADN de las startups están presentes conceptos como innovación, flexibilidad, adaptabilidad, dinamismo y originalidad. Consonantes como X, Y, W, Z, K, simbolizan estos conceptos y aportan significados a los nombres que componen, dotándoles de atractivo, contundencia y carácter.

En definitiva, estamos ante un estilo de naming emergente y que las startups están ayudando a consolidar. Una tipología de nombres valientes y, sobre todo estratégicos, que ponen de manifiesto la importancia y necesidad de unir branding y startups. Compañías jóvenes, innovadoras, brillantes y sobre todo valientes y sin miedo a lo desconocido. El branding no puede quedarse atrás.

 

Pilar Domingo, directora general de Brand Union


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