Niños conectados: ¿a qué edad comprarles un móvil?

Nuestros hijos nos ven continuamente conectados al móvil. Lo llevamos siempre con nosotros, lo usamos en diversidad de ocasiones, y si somos algo teckys vamos más allá de la media y hacemos un uso, en ocasiones, excesivo.

En función de ello y de su entorno escolar, los niños a partir de los 7-8 años empiezan a preguntar cuándo pueden tener su propio móvil. La respuesta es obviamente que depende, e influirán mucho aquí el cómo sean los niños, el entorno en el que se muevan (incluida la logística familiar) y también cuáles sean las bases de la educación que les queramos dar.

Me limitaré en este post a estructurar qué aspectos hay que tener en mente para tomar la decisión.

Como comentario general, el móvil no es un juguete, aunque sirva para jugar, y debe ser la utilidad y no el capricho el que de forma consensuada con nuestros hijos nos lleve a marcar la disponibilidad y uso del mismo.

Un segundo comentario es que disponer de un móvil y tener un móvil personal son cosas distintas. La opción de “móvil familiar” es una alternativa que puede servir para gestionar algunas de las razones para tener es móvil ‘personal’ que nos solicitan.

 

El tipo de móvil

Hay smartphones que son verdaderos alardes de la tecnología. Y la tendencia es ir a mayor sofisticación. No es lo mismo poner en las manos de un niño o adolescente el último iPhone con tarifa plana de datos que un Nokia de la generación anterior con mensajes y sin datos.

El tipo de móvil influye mucho en la decisión, obviamente a mayor capacidad del móvil, más maduro debe ser el niño y mejor se deben haber analizado y acordado las pautas de uso.

 

El entorno logístico

El primer uso del móvil es (o debería ser) siempre el poder estar conectado con los padres. Poder ser localizado o realizar una llamada en un momento dado para que le recojamos. Y esto puede ocurrir a distintas edades, por ejemplo hay niños que van en autobús solos al colegio con 8 o 9 años. En otras ocasiones, se producen situaciones puntuales (alguna excursión con el colegio, un fin de semana en casa de unos amigos) que no requieren de la disponibilidad continua de un móvil.

 

El nivel de supervisión que podamos dar

Nuestro hijo puede querer aprender a cocinar desde pequeño. Puede incluso que se le dé bien y que vayamos dándole cada vez más responsabilidad en la cocina, dejándole usar cuchillos de cocina, los fuegos… pero es bastante obvio que estaremos presentes en esos momentos, supervisando cómo hace uso de las herramientas, explicándoles riesgos o técnicas para mejorar, etc.

Los móviles no suponen riesgos físicos directos pero en mi opinión aplica una lógica similar. Si no podemos dedicarles tiempo para el aprendizaje deberíamos dosificar su uso.

 

Las actitudes y reacciones a la disponibilidad del móvil

Nuestros hijos pueden mostrar pequeños desajustes en la conducta relacionados con el uso del móvil (o la ausencia de uso si somos restrictivos con el mismo). Tanto su uso indiscriminado como su privación indiscriminada pueden generar malestar que puede derivar en diversos problemas, afortunadamente leves en la mayoría de los casos. Por lo tanto debemos estar atentos y detectar de forma temprana cualquier problema, buscando el diálogo y conversando, estando dispuesto a cambiar nuestra actitud (de permisiva a restrictiva y viceversa) en función de cómo vaya reaccionando el niño.

 

Cuáles son los riesgos para los niños y adolescentes

Las charlas en los colegios sobre el uso de las tecnologías habitualmente las da la Policía. La visión que aportan es necesaria, y cumple su función como impactante para los jóvenes, pero sólo cubre la parte más negativa, digamos delictiva, de la tecnología y sus riesgos.

Habitualmente se plantean cosas relacionadas con la privacidad, el ciberbullying (o acoso escolar On Line), o el grooming (los depredadores sexuales). Pero hay cosas mucho más del día a día, menos graves pero más realistas que debemos tener en cuenta y conversas con nuestros hijos:

– El móvil puede ser una fuente inagotable de pérdida de tiempo. Ya sea en los chats con amigos (incluido Whatsapp por supuesto), o en los juegos (sobre todo los de mundos virtuales tipo Clash of Clans, que no acaba nunca) podemos encontrar la excusa perfecta para que se nos pasen las horas sin contenido. Un móvil descontrolado en casa puede reducir no sólo horas de estudio sino horas de ocio que serían más productivas. La forma de luchar contra esto puede ser marcar unas horas de uso del mismo, marcar como pauta dejarlo en la entrada al llegar a casa, no dormir con él en la habitación, etc.

 

Adicción: La nomofobia. Podemos llegar a depender del móvil en exceso, llegando a un transtorno de la conducta denominado nomofobia (no-mobile-phone-phobia). Existen lamentablemente ya expertos en tratar estos trastornos. Hay adolescentes que duermen con el teléfono bajo la almohada en modo vibración, con los trastornos del sueño que puede producir. Como cualquier otra adicción, hay síntomas leves que no debemos obviar “porque no me va a pasar a mí, yo controlo”: Bajada en el rendimiento en los estudios, problemas de sueño, irritabilidad cuando no tiene el móvil son síntomas de los que debemos buscar la causa.

 

Costes Excesivos. Como fuente de comunicación y ocio, el móvil tiene un valor que justifica que gastemos dinero en él. Pero hay que mostrar a los hijos la proporcionalidad entre lo que nos aporta, lo que necesitamos, y lo que entra en la zona del capricho. La calidad del móvil, el tipo de tarifa, las compras en las tiendas de aplicaciones, etc, deben ser introducidas en la misma educación que les estemos dando en otros aspectos económicos.

 

Algunos consejos

Los consejos que se pueden dar no son muy distintos a los que se podrían dar con otros aspectos de la educación.

– La decisión debe ser consensuada. Las cosas no son porque sí o porque no. Debemos explicar las bondades y los riesgos de disponer de un móvil. Esto requiere un entorno de diálogo continuo, que si no existe debemos darnos prisa en crear, porque el móvil es sólo uno de los temas que tenemos que hablar seriamente con nuestros hijos: El alcohol, las drogas, etc requieren también de este entorno de diálogo.

– La decisión debe ser coherente. La lógica que apliquemos a otros aspectos como salir con amigos, ver televisión, uso de la consola, compra de caprichos, etc. debe ser un continuo con todo lo relacionado con el móvil.

– Se necesitan límites. Como todo lo que nos puede absorber, necesitamos establecer unos límites, razonados y concretos, para el uso del móvil. Estos límites son revisables y negociables, pero su no cumplimiento debería llevar la sanción acordada previamente.

No exijamos a los niños lo que nosotros no cumplimos. Ojo con el uso que hacemos nosotros de las tecnologías. ¿Seremos nosotros los nomófobos?

 

Como consejo final, recomiendo vivamente hacerse lector habitual de http://familiadigital.net, la nueva Web para educar a los padres en las nuevas tecnologías y en la que participa activamente Telefónica.


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