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30 años después, el walkman es una pieza de museo

De haber nacido en la década de 1980, incluso durante los 1990, nada de esto habría sido extraño en la vida de Scott Campbell. Un adolescente al que le gusta escuchar música en diferentes momentos y lugares del día utilizaría la herramienta necesaria para ello: un walkman. Totalmente lógico.

Sin embargo, en esta década digital utilizar un aparato que se inventó hace ahora exactamente 30 años no deja de resultar un anacronismo, y todo un shock cultural para quien lo prueba ahora por primera vez.

La historia la encontramos en BBC News: para conmemorar los 30 años de la creación del walkman por Sony, la revista The Magazine invitó a Scott Campbell, un joven británico de 13 años, a cambiar durante una semana su iPod por un reproductor portátil de música como el que su padre utilizaba cuando tenía su edad.

Sus impresiones no dejan de ser realmente llamativas. Lo primero que llamó la atención del joven fue el tamaño del aparato: “Mi padre me había dicho que era grande, pero no me había dado cuenta que quería decir TAN grande. Tiene el tamaño de un libro pequeño”.

Resulta curioso comprobar como en poco tiempo un objeto que ha gozado de enorme popularidad y ha vendido cientos de millones de unidades en todo el mundo se convierte en poco menos que una pieza de museo. Sólo es necesaria una generación para que lo que hoy está de moda se convierta en un fósil tecnológico.

Y si no, vean algunas de las impresiones del joven Campbell sobre el walkman, que llega a definir como “caja monstruosa”:

  • Sólo disponible en gris, frente a los reproductores actuales, con toda una gama de colores.
  • Poco apropiado para transportar en un bolsillo, a no ser que se usen prendas con enromes bolsillos.
  • Tardó tres días en darse cuenta de que las cintas se podían escuchar por las dos caras.
  • Se echa de menos la función de reproducción aleatoria, que de cierta forma se puede reemplazar pulsando la tecla “Forward”, aunque no sea bueno para el mecanismo del aparato ni para la conservación de las cintas.
  • La duración de las baterías (no más de 3 horas a pleno rendimiento), el silbido mecánico al reproducir las cintas o la obligación de cambiar continuamente de casete son otras molestias del walkman.
  • Por fortuna no todo son pegas: Scout aprecia que el walkman tenga dos clavijas para compartir la música que se escucha (una función que necesita de un adaptador especial en el iPod) y que se pueda utilizar enchufado a la corriente.

Al final, el joven Campbell se muestra aliviado por haber nacido en una era en la que la mayoría de avances tecnológicos han tenido lugar antes de su nacimiento, ya que no puede imaginar tener que utilizar un equipo tan básico.

Lo que no sabe, o tal vez olvida, es que probablemente sus hijos vean el iPod como un aparato desfasado y extraño dentro de 30 años…


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