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Anonymous busca causas en el Tercer Mundo

La iglesia de la Cienciología fue la primera víctima de Anonymous, un grupo desorganizado, sin líderes ni portavoces y que va variando en fuerza, integrantes y poder según la ocasión. Después siguieron organizaciones como la RIAA estadounidense o la SGAE española, y últimamente, empresas como Visa y Mastercard. Sin embargo, los nuevos objetivos del grupo son muy distintos: los gobiernos de Túnez y Zimbabue.

Bajo la bandera de la libertad de expresión, la página oficial del Gobierno tunecino ha sido tumbada en el ya habitual ataque DDoS de negación de servicio, como represalia a su decisión de bloquear el acceso tanto a WikiLeaks como a cualquier web donde pudieran encontrarse los documentos filtrados, que recogen contactos entre las autoridades dle país y diplomáticos estadounidenses, donde se describe a Túnez como un "estado policial" donde la corrupción es rampante y no hay límite a los abusos de las autoridades.

Buena parte de la mano de obra en ese ataque procedía del propio Túnez, lo que explica el tono del comunicado de Anonymous, que decía "Anonymous ha escuchado el grito por la libertad del pueblo tunecino. Anonymous está dispuesto a ayudar al pueblo tunecino en sulucha contra la opresión. Se hará. Se hará".

Otro nuevo objetivo es el gobierno de Robert Mugabe, en Zimbabue, donde también se ha limitado la difusión de los informes filtrados por WikiLeaks, en los que por ejemplo se acusaba a la esposa del presidente (que Gobierna, entre acusaciones de corrupción y pucherazos, desde 1980) de haberse beneficiado del comercio ilegal de diamantes. Varias páginas gubernamentales, incluyendo la del Ministerio de Finanzas, han sido tumbadas o suplantadas.

En los últimos meses, Anonymous ha dejado de ser un grupo poco conocido que atacaba a organizaciones que defienden los derechos de autor tradicionales, para convertirse en una especie de antihéroe. Primero fueron los ataques contra personas (una mujer británica, dos chavales de Europa del este) que maltrataban animales. Entonces llegó la última filtración de WikiLeaks, y con ella su nueva causa.

Ahora, tras las empresas que dieron la espalda a WikiLeaks, el colectivo parece haber puesto la mirada en países pobres (que suelen tener infraestructuras online fáciles de derrotar) que han tomado medidas contra la plataforma creada por Julian Assange.

El logo y el nombre del movimiento ya se había utilizado en Irán durante las protestas electorales, pero la nueva fama de Anonymous promete darles, si no más respetabilidad, sí más voluntarios en estos nuevos ataques, que probablemente están más preocupados por la corrupción y la falta de libertades en estos países que por la falta de acceso a WikiLeaks que denuncia Anonymous. Eso sí, no falta quien señale que es muy improbable que dejar fuera de servicio la página web del Gobierno de Zimbabue vaya a tener el más mínimo efecto sobre sus políticas, o la vida de sus ciudadanos.


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