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Antonio Meucci, el auténtico inventor del teléfono

A partir de ahora, cuando pregunten en una sesión de trivial el nombre del inventor del teléfono, habrá que responder Antonio Meucci en lugar del clásico Alexander Graham Bell. Esta injusticia histórica ha sido subsanada por el Congreso de los Estados Unidos, que ha reconocido que el teléfono, la revolucionaria (sobre todo socialmente hablando) tecnología madre de la Red y mediante la cual casi todos los internautas pueden disfrutar de Internet, fue concebido por este desconocido inmigrante italiano. Cierto que lo ha hecho 113 años después de la muerte de Meucci y gracias a las presiones de historiadores e grupos italoamericanos, pero mejor tarde que nunca…

En la resolución, el Congreso reconoce que su teletrófono (así lo bautizó Meucci) se demostró públicamente en Nueva York en 1860, 16 años antes de que Bell lo patentara. Esta institución estadounidense también asegura que \”La vida y logros de Antonio Meucci deben ser reconocidos, así como su trabajo en la invención del teléfono”. Habrá que empezar a cambiar los libros de texto.

Bell, que hasta ahora era aclamado como uno de los principales inventores de la historia, se limitó a robar la idea malévolamente cuando el italiano acudió inocentemente a la compañía en la que él trabajaba, la Western Union con los papeles del invento. Más tarde Meucci intentó pleitear con la compañía, pero su escaso dominio del inglés, sus pocos recursos económicos (no pudo pagar los pocos dólares que costaba la patente, algo que habría hecho de Bell un apellido completamente desconocido) y el nulo apoyo recibido por las autoridades competentes le impidieron reclamar lo que era suyo. Beucci murió en la miseria y sin reconocimiento alguno. ¡Qué vergüenza señor Bell!

Meucci nació en 1808, estudió ingeniería mecánica en Florencia, e ideó un sistema para permitir que los trabajadores del Teatro della Pergola se pudieran comunicar. En 1830 viajó a Cuba, y mientras trabajaba en métodos para curar enfermedades mediante descargas eléctricas, descubrio que la voz podía viajar mediante impulsos eléctricos a través de un cable de cobre. En 1850 viajó a Nueva York a desarrollar esta tecnología.


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