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Apple y Google, ¿los enemigos del futuro?

Omnia mutantur; nihil interit. O, lo que es lo mismo, ‘Todo cambia, pero nada perece’. Este refrán se puede aplicar a muchos aspectos de la vida, sobre todo a los status social. La constante evolución y transcurso humano hace que el movimiento de los agentes sea medianamente cíclico, un proceso mediante el que uno no está siempre en el mismo sitio, sino que su situación va cambiando constantemente, ya sea a mejor o a peor.

En el terreno de la tecnología esta situación también se aplica y se combina a la perfección. Quien ayer estuvo arriba, hoy puede estar abajo, y mañana estar arriba de nuevo. En este constante proceso de cambios, de subidas y bajadas, tienen mucho que ver los usuarios, que de forma muy genérica pueden dividirse en dos grupos: por un lado están los que adquieren lo que se les vende como idóneo sin tener muchos más detalles en cuenta; por otro lado están los que aborrecen los monopolios publicitarios y prefieren buscar la mejor opción por su propia cuenta.

Esto durante mucho tiempo ha pasado con los proveedores de equipos informáticos. Bill Gates llevó a cabo una total e indudable revolución tecnológica con la fundación de Microsoft y la creación del sistema operativo Windows, que a día de hoy sigue siendo mayoritario en el mundo. Durante un tiempo, Microsft estuvo en la cresta de la ola y sus avances tecnológicos fueron tan celebrados como mercantilizados. Esto desembocó en que Bill Gates construyera un emporio que, como todos sabemos, con el tiempo se ha ido ensuciando merced a la competencia desleal y a las diversas acciones que convirtieron a Microsoft prácticamente en un monopolio. Si a esto le unimos que Windows nunca ha sido una obra maestra dentro de los sistema operativos, la antipatía de los expertos en informática hacia el emporio Gates era obvia e incluso justificada.

En estas circunstancias se fueron dando a conocer con más fuerza Macintosh y Linux, dos alternativas más que válidas al mercantilismo de Bill Gates. Macintosh y Linux no sólo funcionaban mejor que Windows, sino que, además, a los usuarios les gustaba saber que yéndose a estas dos alternativas luchaban contra el gran ogro al mismo tiempo que se desmarcaban del borreguismo de la gente que seguía optando por Windows. Sin embargo, omnia mutantur, y, mientras Linux aún despega (con muy buenas perspectivas de futuro), Macintosh (y Apple en general) ya se ha metido de lleno en las vidas del ciudadano medio que no tiene demasiados conocimientos de informática al mismo tiempo que todo el mundo conoce ya a Steve Jobs (responsable de Apple) como el actual gurú de las tecnologías. Uno de los motivos que tiene Macintosh para presumir es la extrema fiabilidad de su sistema operativo para luchar contra virus, troyanos y demás calaña cibernética. No obstante, también es cierto que Mac tiene que librar con muchos menos problemas que Windows al contar con el beneplácito de los que distribuyen muchos troyanos. Ahora que Mac es un producto casi de masas y es muchísima la gente que tiene un iBook, es probable que aumenten de forma considerable las vías de ataque a este sistema operativo, con lo que se nos presentará una situación interesante en la que veremos cómo se desenvuelve el equipo de Mac para luchar contra esto.

Por otro lado, Steve Jobs se encuentra actualmente en una situación en que casi nada parece negársele ni ponerse en su contra. Jobs, por tanto, corre el peligro de llegar a ejercer un negocio abusivo (algo de lo que ya le han acusado los compradores del iPhone) y de que su popularidad y la de su marca se conviertan en nuevo objeto de crítica en los ambientes tecnológicos.

Por otro lado tenemos a Google. Nadie discute que todos los internautas deberíamos rezar todas las noches a esta empresa por los beneficios que nos da. A día de hoy, todo está en Google y todo el mundo alaba las acciones de esta empresa hasta el punto de que llega a ser noticia saber cómo es trabajar en Google (aquí tenemos un ejemplo y aquí otro). Vivimos en una sociedad internauta que proclama el In Google we trust, y más de uno nos caeríamos redondos tan sólo si el buscador pudiese caerse momentáneamente. Pero no acaba todo en el buscador y sus múltiples servicios: la compañía sacó hace poco Chrome, un navegador que, a pesar de estar en fase beta, tiene muy buena pinta. Muchos hablan de que Google irá más allá y en poco tiempo tendrá listo un nuevo sistema operativo que reventará el mercado. Todo son buenas noticias.
Sin embargo, Google ya empieza a enfrentarse a algunos problemas: su constante aumento de poder y el aumento de la confianza que los usuarios ponen en Google parecen estar constituyendo una posible amenaza para la privacidad de todos los consumidores. Ya hay alguna voz que ha alertado de los posibles problemas que podría ocasionar para nuestra privacidad que Google lo controle todo. Por otro lado, y vistas las amplias expectativas de Google, muchos temen que esta compañía pueda llegar a ejercer un monopolio parecido al de Bill Gates y pueda convertirse en el nuevo antipático de la tecnología.

¿Podrían Apple y Google convertirse en los enemigos del futuro para los usuarios? Habrá que verlo.


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