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Así vive un profesional de los videojuegos

Una cosa es pasarse muchas horas delante de una consola y otra, convertirse en un profesional de los videojuegos. Un modo de vida que es posible en Corea del Sur, un país en el que existe auténtica pasión por los videojuegos, hasta el punto de organizarse ligas nacionales o crear canales de televisión exclusivos para éstos.

Sin embargo, que nadie piense que los profesionales de esta industria llevan una vida plácida. Como en cualquier otra competición “deportiva”, hay grandes estrellas que ingresan miles de euros al año, pero también hay muchos otros jugadores que sufren de ansiedad y malas condiciones laborales, entre otros problemas.

Un reportaje en el diario coreano The Hankyore denuncia esta situación, y el duro proceso que hay que atravesar para llegar a vivir de la habilidad con los juegos. En Corea se empieza a generar incluso un debate político en torno a un sistema bautizado como “el gallinero”.

Primero, los aspirantes a profesionales deben pasar muchas horas perfeccionando su habilidad en salas de juegos; después, pasan pruebas para entrar en los clanes o gremios de jugadores, el único camino que les permite obtener una licencia para participar en competiciones como KPGL (Korea Pro Game League) o Battletop.

Los que aspiran a convertirse en profesionales pagan una tasa para entrar en una residencia comunitaria, donde practican a todas horas y todos los días del año. Después pasarán otro test para convertirse en aprendices de un equipo profesional.

Hasta ahí han llegado hasta la fecha unas 5.000 personas, que no reciben ningún sueldo. De ellos, sólo 75 personas han logrado pasar al llamado Grupo 2, compuesto de semiprofesionales. Y de ahí sólo un puñado de escogidos llega al Grupo 1, la elite de los jugadores, que reciben sueldos de miles de euros al año.

El desgaste en este mundillo es tan alto que más del 40% de los profesionales o semiprofesionales se retira cada año. Tampoco hay ningún tipo de sindicato ni asociación, y los que no están afiliados a un equipo no pueden participar en las ligas nacionales.

Los que reclaman que se regule esta actividad piden que se introduzcan medidas como una edad mínima de participación o límites en el número de juegos. La intención es acabar con un sistema que exprime a los jugadores y los reemplaza continuamente por otros nuevos.


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