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Ataque a EEUU con imprevisibles consecuencias

Como salido de las páginas de Tom Clancy, el ataque terrorista de ayer a los símbolos del poder y el prestigio de los Estados Unidos ha causado dolor, disrupción y terror en una escala difícil de describir. Los detalles, el número exacto de víctimas, las consecuencias más inmediatas están y estarán en los periódicos de todo el planeta durante mucho tiempo. Y también aquí cubriremos las consecuencias, más indirectas y menos dramáticas, pero de enorme importancia, que afectan a nuestro compromiso con los lectores. Aquellos detalles referidos a la tragedia que afecten a la Economía IP estarán en Baquía.com, por mucho que algunos (las sobrecargas en nodos de noticias) puedan parecer minúsculos y otros (el posible efecto económico) sea aún poco más que especulación informada. Otros aspectos superan a nuestro mandato, y también nos superan personalmente.

Las empresas afectadas en Nueva York

Algunas de las personas que trabajaban en las Torres Gemelas reconocían que, al entrar por la puerta del edificio, se sentían como los hombres más poderosos de Nueva York. Es un sentimiento lógico: 419 metros de altura, 190 ascensores, 16 restaurantes o 50 toneladas de basura diarias generadas imponen al más pintado. Pero no sólo por estas cuestiones. El edificio, cuya última piedra se colocó en 1976, ha pasado de ser uno de los principales iconos de Estados Unidos a convertirse en un amasijo de polvo, escombros y restos de material de oficina de las más de 430 compañías de 28 países diferentes que ocupaban alguna de las 110 plantas de cada edificio.

La lista de empresas con oficinas en el World Trade Center (y que al poco tiempo de producirse el atentado desapareció de la Red) es enorme, pero no sólo por el número de empresas que la componía, sino por su estatura en el mundo financiero internacional. Una de las firmas que contaba con más espacio alquilado en ambas torres era Morgan Stanley Dean Witter. Situación similar se producía con Cantor Fitzgerald, una compañía de servicios financieros cuyo centro de operaciones de encontraba en las plantas 101 y 103 de las torres. Y no allí, pero sí en el complejo empresarial que hay cruzando la calle, tenía su oficina American Express que, por cierto, se encontraba bastante cercana a las de Merrill Lynch.

Dentro del edificio contaban con oficinas gran parte de las entidades financieras más importantes del mundo, como el Bank of America y Deutsche Bank. A estos deben añadirse las del Banco de Yokohama o el de Taiwan. Todos ellos presumían de encontrarse en uno de los edificios más conocidos del mundo. Y en donde las medidas de seguridad eran mayores. Así, todos los visitantes eran fotografiados y tenía que esperar a que su nombre fuera revisado en un en un ordenador conectado con el FBI para comprobar si era un terrorista internacional. Si se llegaba a la oficina pasadas las seis de la tarde, era obligatorio ir escoltado por un guardia de seguridad. Las medidas de seguridad en suelo firme se cumplían con celo exquisito. Nunca intuyeron que el verdadero peligro se encontraba en otro sitio.

La Red empieza a reaccionar

Pocos minutos después de que sendos aviones suicidas se estrellaran contra las torres gemelas, millones de internautas horrorizados acudieron en masa a los principales nodos de actualidad para informarse de lo acontecido, y de lo que pudiera acontecer. Tal avalancha de gente colapsó durante horas (total o parcialmente) sitios de la talla de CNN.com, BBC.com, Reuters, MSNBC.com, Yahoo News, ABCNews.com, FoxNews.com o The New York Times y supervivientes como la CBS.MarketWatch.com triplicaron su afluencia de tráfico (Akamai asegura que se efectuaron unas 5.500 descargas simultáneas de vídeos en tiempo real desde este sitio web). Otras páginas, como la del FBI, el Pentágono, American Airlines y United Airlines, también sufrieron esta suerte de ataques de denegación de servicio involuntarios.

Como compensación en unos casos, y como complemento en otros, los chats (algunos creados expresamente a raíz de la oleada de atentados), los programas de mensajería instantánea (que también fallaban en la ciudad de Nueva York), los correos electrónicos y las listas de correo también han experimentado un importante ascenso en su número de usuarios y de mensajes intercambiados con este tema como protagonista absoluto. Buenos métodos de comunicación alternativos para compartir e intercambiar noticias y para ponerse en contacto con los seres queridos, sobre todo para todos aquellos que quedaron imposibilitados para efectuar llamadas telefónicas. La Red ha servido así como vehículo de comunicación y, tal vez, aliviado alguna angustia. Por otro lado, algunos operadores de \’anonymous remailers\’ (sitios de reenvío de correo sin identificación usados para ocultar la identidad del remitente) han empezado a cerrar sus servicios ante el temor de verse convertidos en objetivo de las investigaciones que sin duda llegarán.

El daño en los mercados

Los atentados se dejaron sentir en todas las Bolsas. Si la semana pasada los datos del desempleo estadounidense y el pesimismo sobre los próximos resultados trimestrales empujaban a los mercados a los mínimos del año, el derrumbe de las torres gemelas era recibido con reacciones de pánico en todas las plazas bursátiles. Algo que poco ayudará a frenar una caída que en el Nasdaq ya dura cerca de año y medio y que tiene a la Bolsa de Tokio en el mínimo de sus últimos diecisiete años, con los bancos deshaciéndose de sus carteras de valores y los inversores vendiendo en corto y apostando a la baja. Las escenas de los neoyorquinos corriendo por las calles de su ciudad socavarán casi con seguridad la confianza de los consumidores estadounidenses, que son quienes con su inacabable gasto sostienen a una economía desfallecida. Los nuevos datos saldrán el viernes, dos días después de la próxima reunión del Banco Central Europeo (¿qué pasará con los tipos?).

En Alemania, el DAX 30 perdía un 8,4% (el Neuer Markt, ya de por sí de capa caída, perdía un 7,8%); en Milán, el índice se dejaba un 7,42% en el camino; en Londres, el FTSE 100 perdía un 5,7% (con British Airways dejándose un 21,21%); y en Madrid el índice perdía un 4,64% (un 13,92% el IBEX Nuevo Mercado, que marca un mínimo histórico y en el que Terra perdió un 15,49%). Los responsables de las Bolsas trataron de dar apariencia de normalidad, y el portavoz de la Bolsa de Londres afirmó que abriría el miércoles como si tal cosa, palabras que fueron secundadas por el responsable del Área Mercados de la Bolsa de Madrid.

En EEUU no hubo sesión bursátil; tampoco en países latinoamericanos como Argentina, Chile o Brasil. La Reserva Federal estadounidense se mostró dispuesta a prestar a los bancos todo el dinero necesario para que el sistema financiero no se resienta. Todo excepto el pánico.

Los mercados de divisas vieron subir monedas como el euro y la libra esterlina. Las únicas compañías beneficiadas en el día de ayer fueron las petroleras (BP, Shell, Repsol, etcétera). El barril de petróleo subió casi tres dólares en los mercados de materias primas y se espera que permanezca en esos niveles mientras no desaparezca la incertidumbre. Algo similar a lo que sucedió con el oro, materia prima refugio por excelencia, que subió 16 dólares la onza en Londres (5,9%).

La economía, la política y de nuevo la economía

Pero las consecuencias indirectas serán más graves. Cabe preguntarse por el efecto que tendrá a largo plazo en la psique (y la política) estadounidense la desaparición de la idea de seguridad, de estar protegidos por los océanos que tradicionalmente les han separado de las crisis. Pero mucho antes habrá consecuencias tangibles en los campos de la política y la economía, que tenderán a reforzarse mutuamente y que pueden llevar al mundo muy lejos por un muy mal camino.

Entre los daños económicos no sólo hay que contar los costes de la destrucción y el daño humano. Sólo en seguros será muy elevado, pero los habrá más sutiles y de mayor alcance. El tráfico aéreo, que se ha demostrado vulnerable a los secuestros a pesar de las precauciones, nunca volverá a ser el mismo; los cambios en las medidas de seguridad tendrán costes imposibles de calcular. Como tampoco es posible prever las consecuencias de los daños a instituciones económicas (el New York Stock Exchange está a menos de 500 metros) sobre el corazón financiero estadounidense.

Cabe, eso si, anotar que las primeras reacciones de los mercados apuntan al pánico. Una situación financiera mundial delicada, con Japón con graves problemas que empeoran, Europa atrapada en mitad de la transición al Euro y los propios EEUU dañados por el reventón de la burbuja tecnológica y la crisis de sobreinversión, puede verse empujada por la catástrofe a la recesión de forma directa o indirecta. Directamente el coste es literalmente incalculable en su magnitud; indirectamente puede suponer la gota que colma el vaso haciendo que los inversores abandonen definitivamente las bolsas para acogerse en valores refugio como el oro y los bonos, lo cual daría el golpe mortal a muchas empresas (en especial tecnológicas) fuertemente endeudadas.

Entre las consecuencias políticas es seguro que EEUU atacará a quien quiera que esté tras la tragedia cuando consiga descubrirlo; los primeros análisis especulan con que haya algún estado implicado por la magnitud de la coordinación y organización necesaria (que ha burlado a las agencias de espionaje estadounidenses). También parece probable que antes de averiguarlo siquiera castigue a alguno de los sospechosos, como el Frente Democrático de Liberación de Palestina, la organización de Osama Bin Laden, refugiado en Afganistán, y Sadan Hussein. Cualquiera de los dos tipos de ataque conllevará un aumento de la tensión en Oriente Medio, lo que ha provocado el aumento del precio del crudo. Por su parte Israel, cuya política de \’mano dura\’ con el terrorismo queda reivindicada por la magnitud de la tragedia, se verá reforzado; EEUU dejará de criticar sus planteamientos, y necesitará de su ayuda para castigar a los radicales palestinos. Que, sin duda, no cejarán en su campaña de provocación, una vez constatada la temible efectividad de ciertos métodos.

Las perspectivas, por tanto, no son buenas, incluso antes de conocer con certeza los efectos últimos del mayor ataque terrorista de todos los tiempos. Evitar lo peor de estas posibles consecuencias sería una buena manera de evitar que los autores de tan sanguinarios actos consigan sus objetivos.


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