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Ataque a EEUU: sólo debemos temer al propio miedo

Poco a poco, la vida vuelve a los EEUU. Los aeropuertos reabren, con limitaciones; las operaciones de rescate prosiguen, con limitado éxito. Algunos mercados financieros (el de bonos del Tesoro) se reactivan. Las investigaciones continúan, y se van conociendo detalles cada vez más dramáticos de los ataques. Con poca certeza todavía, empieza a haber datos sobre el (inmenso) tamaño de la tragedia humana provocada por los ataques. El daño en la economía pende de un hilo; el factor clave, coinciden los analistas, es la confianza de consumidores e inversores en el futuro. Una predicción que asegura su propio cumplimiento, pues la economía será tan buena como la disposición a comprar de todos. Las previsiones, pues, son tan diversas como la opinión que de la raza humana tienen los analistas. De inmejorable, a pésima. Escoja.


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Víctimas, y también beneficiarios

El recuento prosigue, inexorable; cada vez se va conociendo con mayor precisión el coste humano y económico del ataque. En el mundo de la empresa relacionada con la Red la lista de víctimas se amplia; hay decenas de ellas entre las (pocas) ya identificadas que provienen del mundo puntocom. Pero todavía quedan miles de desaparecidos en Nueva York, donde las estimaciones sobre el posible coste de la catástrofe no dejan de ascender y superan ya los 30.000 millones de dólares tan sólo en reclamaciones a aseguradoras. Nadie se atreve a calcular aún el precio pagado por una semana de disrupción de la vida económica de la primera potencia planetaria. Tan sólo hay esbozos parciales de eso.

Y sin embargo la vida continua, y hay aspectos positivos. Determinadas tecnologías y empresas sufrirán sin duda una bonanza cuando las medidas de seguridad se endurezcan para evitar nuevos atentados como éste. Los medios de comunicación y la Red están registrando récords; lo cual no quiere decir que ganen dinero con la tragedia. Antes al contrario, las televisiones y periódicos están perdiendo dinero al ampliar cobertura y paginación y reducir los espacios publicitarios. Pero \’noblesse obligue\’, y los lectores recordarán sin duda a quien descuide sus deberes en esta hora trágica donde la sed de información es insaciable.

Poco inteligente es vender en tiempos de pánico…

La gran incógnita sigue siendo lo que ocurrirá el próximo lunes cuando abran los mercados bursátiles estadounidenses tras un histórico cierre de cuatro días. Porque de la respuesta de las bolsas dependerá en parte lo que ocurra con la economía mundial, debilitada tras la burbuja puntocom y la crisis de sobreinversión. Su estado es tan delicado que muchos analistas opinan que la catástrofe, por lo ocurrido y por dónde ocurrió, empujará al mundo a la recesión. Otros, en cambio, analizan el pasado y concluyen que crisis similares han acabado enriqueciendo a la larga a los EEUU. Análisis más mesurados equilibran costes, la voluntad de reacción de los estadounidenses y los datos de la historia para concluir con leve tono positivo a medio plazo. Para todos los gustos.

Al final los bonos del Tesoro EEUU a 30 años bajaron y subieron los de corto plazo; los mercados interpretan que un nuevo recorte de tipos de interés es inminente. En Europa, sin embargo, el recorte de tipos no se produjo; en combinación con la inyección de liquidez de la Reserva Federal hizo que las bolsas europeas se mantuviesen, apenas. Asia recuperó parte de las pérdidas del día anterior. En conjunto, paz.

Por tanto hasta el lunes poco más sabremos sobre que será de nuestra economía. Excepto que si consumidores e inversores deciden apostar por ella, puede que nos salvemos; al fin y al cabo el (incomprensible) afán comprador de los consumidores EEUU lleva un año manteniendo a flote un mercado averiado. De ahí que Salon especule con que la visita a la tienda puede ser una nueva manera de demostrar el patriotismo; de ahí que muchos analistas bursátiles recomienden no vender, recordando que en tiempos de pánico desprenderse de valores acaba saliendo caro. Es cierto que el miedo puede ser el mayor enemigo de la economía global, y que la confianza es clave. Pero tal vez sería más tranquilizador que las llamadas a la calma no se reiterasen tanto…


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