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Aún podemos distinguir a un humano de un programa… ¿Por cuánto tiempo?

Tal vez llegará un día en que mantengamos una conversación con un ordenador y no estemos seguros de si estamos hablando con una persona o con un programa informático. Pero por ahora, todavía es posible distinguir el habla de los humanos y el de las máquinas.

Esa es la conclusión de una peculiar competición que organiza la universidad inglesa de Reading. Se trata del Premio Loebner, que se celebra cada año desde 1990, con el objetivo de evaluar el estado de la inteligencia artificial y la evolución del lenguaje natural en las máquinas.

Los programas deben superar el denominado Test de Turing, nombrado así en homenaje al matemático Alan Turing, que en 1950 se preguntaba en un artículo si las máquinas tienen la capacidad de pensar. De ser así, la forma de averiguarlo es someterlas a una serie de preguntas para comprobar si sus respuestas son distinguibles de las que daría un humano.

En 1990, el filántropo Hugh Loebner estableció una dotación de 100.000 dólares y una medalla de oro como premio al programa capaz de superar el Test de Turing. Para ganar el primer premio, el programa debería ser capaz de tomar parte en una conversación entre humanos y engañarlos en al menos el 30% de las respuestas.

Tanto el segundo como el tercer premio, acompañados de medallas de plata y bronce, se basan en intercambio de textos. Hasta la fecha ningún programa ha sido capaz de ganar las medallas de oro ni plata. Cada año se concede un tercer premio, dotado con 2.000 dólares y medalla de bronce, al mejor programa a concurso, con independencia de que supere o no el Test.

El ganador de este año ha sido un programa alemán llamado Elbot, capaz de dar el pego en el 25% de las respuestas. El nivel de este año ha sido muy elevado: tanto que el ganador ha estado cerca de superar por primera vez el Test de Turing, y todos los programas a concurso fueron capaces de hacer creer a al menos uno de sus interrogadores que estaban dialogando con un ser humano.

Los jueces mantuvieron una conversación con Elbot acerca de quién escribe los directorios telefónicos. Durante los cinco minutos de interrogatorio, fue capaz de soltar esta frase a uno de los jueces, demostrando su habilidad léxica: “Yo tendría cuidado si fuera usted. Una palabra mía y será borrado de todos los ordenadores del mundo. Pero si se disculpa, hablaré bien de usted a mi sobrino, que revisa devoluciones de impuestos”. No es extraño que tres de los doce jueces pensaran que hablaban con un ser humano.

Los avances en este campo se aplican a servicios comerciales, atención telefónica y servicios de inteligencia, en los que los ordenadores estudian millones de documentos y buscan relaciones y significados.

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