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Banca online latinoamericana: ¿botella medio llena o medio vacía?

Las cifras confirman el avance de la banca online latinoamericana. Un 7% de las 1.000 millones de transacciones (salida/entrada de fondos, pago de cheques, consulta de saldos) que realizó el banco mexicano Banamex en 2000 fueron a través de la Red. La cifra sorprende porque la penetración de Internet en México aún no llega al 4% de la población. Banamex tiene 400.000 clientes que pueden acceder a sus cuentas por Internet. Wells Fargo, el banco que más cuentas online tiene en Estados Unidos, \”sólo\” posee 1,5 millones de cuentas. Hay que recordar que EEUU dispone de más de 100 millones de internautas frente a los aproximadamente cuatro existentes en México.

La gesta de Banamex ha podido ser replicada en otros países latinoamericanos. Así 1,5 millones de clientes del banco brasileño Bradesco, un 16% del total, acceden con regularidad a sus cuentas en línea. Un millón de clientes del banco Itaú (14,1% del total) y 350.000 de Unibanco (8,5% del total) también acceden a sus cuentas a través de la Red. Por su parte, el archirrival de Banamex, el banco mexicano Bancomer, recientemente adquirido por el BBVA, dispone de más de 200.000 ciberclientes.

Estas cifras adquieren una mayor relevancia si se considera que tanto Brasil como México tienen niveles muy bajos de bancarización: menos del 25% de la población activa de estos países dispone de una cuenta corriente. Un factor que explica el relativo éxito de la banca latinoamericana frente a la estadounidense en su estrategia de Internet es la demografía de la región. Una altísima proporción de latinoamericanos tiene entre 18 y 34 años, mientras que el grueso de la población estadounidense tiene más de 40 años. Por lo general, la población joven tiende a adoptar con mayor facilidad innovaciones tecnológicas como lo son las aplicaciones por Internet.

El bajo nivel de utilización de la banca y la juventud de los usuarios implica que cuando hablamos de latinoamericanos que acceden a sus cuentas bancarias a través de la Red nos estamos refiriendo a la clase alta y media-alta. En otras palabras, un público sofisticado y de alto poder adquisitivo.

Poco rentable, de momento

Es poco probable que el éxito de la estrategia virtual de la banca provoque mayor rentabilidad sobre los bancos de la región. En fuerte contraste con los brokers online, sólo a medio y largo plazo estas maniobras de la banca se reflejarán positivamente sobre la cuentas de resultados de estas entidades financieras. A largo plazo, cabe esperar que las sucursales físicas reduzcan sensiblemente su tamaño y, por tanto, originen ahorros. A corto plazo la implementación de estrategias virtuales, que ni quieren ni pueden sustituir a los demás canales de distribución bancarios, conlleva un notable gasto en tecnología.

La historia no debería acabar aquí

Pero el efecto de Internet sobre las finanzas de los latinoamericanos debería de ser más importante, y estructuralmente más significativo, que el mero crecimiento del número de cuentas bancarias virtuales. A pesar de los avances en materia de Internet, algunos sistemas financieros de la región aún tienen estructuras anticuadas. Así, en algunos países el pasivo de los bancos (las cuentas de los depositantes) es remunerado a muy bajas tasas de interés. El caso mexicano es particularmente significativo. Una cuenta a plazo fijo en un banco mexicano es remunerada por debajo del nivel de inflación (increíble pero cierto). Es decir, en vez de ahorrar, el depositante pierde poder adquisitivo. De momento, las tasas de interés de los depósitos no parecen ser un factor competitivo importante en el sector bancario mexicano. ¿Les faltará información a los consumidores?

La adopción de Internet, sobre todo si llega a penetrar en los sectores económicamente más humildes, debería de aumentar la transparencia en la oferta de productos financieros. De esta manera, los bancos tendrán que competir por fondos a través de una remuneración más alta de las cuentas de los depositantes. La adopción de Internet debe aumentar el grado de competencia de muchos sistemas financieros de la región con el consiguiente efecto positivo para consumidores (depositantes) y, a medio plazo a través del aumento de la bancarización, para las propias entidades financieras.


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