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Basket management

En el pasado Mundial de Baloncesto de Japón, como la gran mayoría de ustedes conocerán, nuestra selección, la selección española, ha conseguido un hito sin igual: ganar la medalla de oro, proclamarse los mejores del mundo. Es por ello, que tras arduas jornadas de baloncesto, donde he podido visionar todos los partidos que este mundial ha ofrecido, percibí que la selección española había dado una clase magistral de baloncesto y de mucho más, eso que los especialistas llamamos el arte de dirigir, el management.

Créanme, mi pasión por el baloncesto me ha llevado en muchos eventos internacionales al desencanto, debido a derrotas que se sucedían en los momentos claves. ¿Qué ha ocurrido en Japón (casualmente país de donde se han importado miles de técnicas empresariales relacionadas con el rendimiento de los RRHH) para alzarse con este triunfo? ¿Ha sido una cuestión de puro azar? ¿Debemos adjudicar a la suerte este resultado?. La respuesta debemos encontrarla en otras variables, que sin duda han aportado valor al trabajo realizado.

Las claves del éxito

En management, vendemos a las organizaciones-clientes, la idea de que es necesario trabajar en grupo, no juntos, sino implicados en la consecución de objetivos. Estos objetivos no se imponen: se convence al grupo de la necesidad de obtenerlos, hasta que los miembros en particular y el grupo en general los interioricen como único fin.

Igualmente, en las reuniones con directivos, jefes de equipos, supervisores o responsables de grupos manejamos argumentos del tipo “necesitamos lideres”, no jefes. Esto que parece una redundancia, supone formas de trabajo muy diferentes, ya que los líderes se ganan la voluntad de los miembros del grupo aunando intereses en función a los objetivos, mientras los jefes imponen autoridad.

En esta selección, a diferencia de lo que nos han vendido los medios, el líder no ha sido el gran jugador Pau Gasol (ha sido el líder técnico y mano derecha del gran líder), sino su entrenador, Pepu Hernández. Esta figura ha sido fundamental en la planificación del trabajo, la motivación, los recursos que el grupo debía utilizar y, sobre todo, en la dinámica de trabajo. Todos los miembros del equipo confiaban en la decisiones del técnico (esta es la lealtad tan necesaria para el desempeño), sin entrar a valorarlas.

Pepu realizó una cuidada descripción de puesto para cada uno de los jugadores y resto de staff técnico, adjudicándole las tareas de las que debían responsabilizarse y los objetivos específicos de cada uno (organización del trabajo). Planteó el objetivo general a conseguir por el grupo, pero evitando correr antes de aprender a andar: los objetivos generales se logran sólo a partir de la consecución de objetivos específicos (buena preparación técnica, física, recursos, mentalidad ganadora, estar preparados para cuando algo salga mal, etc.).

Tras esto, lo difícil era motivar a este grupo en función de la meta fijada. La magia de la motivación, eso que en las empresas parecen reducir a cuestiones de dinero o de vacaciones, ¿o acaso creen que estos chicos hubiesen corrido más o jugado mejor si les hubieran pagado un millón de euros más a cada uno? El entrenador encontró el punto de motivación en generar y ubicar expectativas individualizadas para cada uno de los miembros del equipo, haciéndoles ver lo importante que cada uno de ellos era para la consecución de los objetivos, y vendiéndoselas de manera diferente a cada uno de ellos, según sus características personales.

Y como no, una clave común en todo proyecto, en ciertos momentos poseer algo de “buena suerte”, o como dice algún autor de libros, pensar en que la buena suerte va a estar con nosotros (energía positiva, vamos). Esa “buena suerte” se ha manifestado en momentos difíciles cuando el grupo ha compensado malas actuaciones individuales con la implicación del resto del equipo.

Felicidades, ¡y gracias!

Bien, los objetivos se han conseguido: se ha ganado el oro. ¿Qué “ruido”, alardes o megapresencia en medios ha protagonizado el líder, incluso en momentos personalmente muy dramáticos? Sus apariciones fueron las justas y necesarias para que el grupo creyera que todo ha sido fruto del trabajo de los jugadores. Esta dura circunstancia personal, la muerte de su padre el día previo a la disputa de la final, no despistó al líder del camino a seguir. El grupo posee un estatus que está por encima de las cuestiones particulares (cuánto deberían aprender los americanos y otros muchos).

Sería injusto, en esta dinámica de grupo, no destacar la labor de nuestro mejor jugador, que además ha generado valor añadido al comportamiento grupal. Me refiero a Pau Gasol, a quien todos admiran por lo que ha conseguido a nivel profesional, pero que ha aportado la dosis de humildad necesaria en los grupos eficientes para que todos sepan que nadie es imprescindible en la consecución de objetivos, y que nadie se puede quedar fuera cuando quiere aportar implicación para los mismos. Piensen que la amistad entre integrantes del grupo (algo que nos presentan como imprescindible) es una condición recomendable, pero ni por asomo garantizadora de éxitos. Es más eficiente el respeto por tu compañero.

Estimado grupo de jugadores: nos habéis dado una lección de baloncesto a todo el mundo, pero además os pondré como ejemplo en mis sesiones de trabajo con empresas, para que sepan en qué variables se mueve el éxito de los grupos de trabajo. Y es que habéis escrito un manual de management moderno. ¡Gracias tíos!


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