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Beetlemanía 2: la nueva degeneración

Un amigo de hiperactivo! afirma que es imposible ver una película rodada en los EEUU entre los años 65 y 77-78 en la que no aparezca un Volkswagen Escarabajo. La fecha de 1977/8 es tan aproximada como artificial y arbitraria, y sólo se ha fijado por ser los años respectivos del estreno de Star Wars y el rodaje de Alien.

En películas no protagonizadas por granjeros galácticos y plagas alienígenas los VW Beetle funcionan como la sal en las comidas, o como los signos de puntuación en los artículos de los columnistas: se añaden en poca cantidad, sólo para resaltar las cualidades del reparto, los alimentos o los símiles rebuscados a los que acompañan.

Igual sucedió en los 80 y 90 con los ordenadores: no es una película de yuppies si no salen un teléfono móvil o un Mac (véanse Wall Street y Pretty Woman), ni es hi-tech informático sin un logo de Silicon Graphics dando vueltas discretamente en un segundo plano (consulten Parque Jurásico, por ejemplo). El ejemplo favorito de hiperactivo! está en Twister donde uno de los lunáticos que persiguen tornados por la meseta Norteamericana lleva la predicción meteorológica desde un portátil Silicon Graphics. Es lo que se llama un cool nerd.

Los coches y los ordenadores son una una forma de señalar implícitamente época, lugar, clase social… Esto no es nuevo: la misma técnica era empleada por Flaubert, quien describía a los burgueses a través de sus objetos. El Volkswagen Beetle de Barbra Streisand en ¿Qué me pasa, doctor? muestra la confluencia del estátus social de su propietaria con el zeitgeist general del San Francisco de la época. Lo mismo pasa con el Mac Portátil de Tom Cruise en Mission:Impossible, símbolo tecnológico de estátus, clase y poderío.

\”No hay nada nuevo bajo el Sun\”, o \”moscas a cañonazos\”

Cambien ahora las películas USA de las últimas cuatro décadas por las puntocom españolas de esta encrucijada entre dos milenios, y se encontrarán con dos símbolos: uno abundante y totémico y otro escaso, pero no menos significativo.

El primer símbolo es Sun. Parece que no somos nadie sin una Sun Enterprise 10.000, y que nadie echa las cuentas de cuánta capacidad de proceso se necesita para saturar una linea de datos. A oídos de hiperactivo! llegan informaciones tan esdrújulas que tienen que ser ciertas: el operador de telecomunicaciones en cuyo portal se alberga un chat en un Origin de 16 procesadores (!), o la entidad bancaria que sirve sus páginas web desde una Sun Enterprise 10.000 (!).

Para los no versados: estos dispendios son el equivalente informático de agenciarse un camión de 16 toneladas para hacer la compra de casa, o un Ferrari para llevar a los niños al colegio. Con la diferencia de que, en este caso, paga la empresa.

Resulta que científicos del MIT pueden usar PCs genéricos baratos y un sistema operativo libre para crear Akamai, una de las 5 empresas de mayor capitalización basada en la cotización de cierre de su primer día en bolsa. Pero España necesita imagen, y los directores tecnológicos de portales financiados por empresas eléctricas, telefónicas o bancarias sólo saben comprar por marca, y que mejor que zozobre que no que zofalte.

El Sun es el símbolo de cómo los consumidores españoles sufragan negocios ruinosos con su factura de servicios regulados, operados por empresas en régimen de monopolio, exmonopolio o tutela estatal.

Un escarabajo, ¡oooé! Dos escarabajos, ¡oooé!

El segundo símbolo es igualmente resplandeciente, pero menos abundante, al menos en España. Mientras que los aparcamientos de las puntocom estadounidenses están cuajaditos de New Beetles, hiperactivo! ha tenido que buscar para encontrar uno entre las empresas a las que va a gorronear café y criticar a la competencia.

En las oficinas y salas de servidores en los USA se invierte la situación española: en las puntocom de allá se hacen las mesas levantando las puertas de sus goznes y apoyándolas sobre dos caballetes (el caso Amazon), y los ordenadores son PCs normalitos con Linux y FreeBSD. Pero el currito de a pie se compra un buen coche en cuanto tiene dinero, y el nuevo Beetle captura muy bien la imaginación de la joven población del negocio digital.

En España, por debajo los niveles ejecutivos línea dura (Audis de distinto pelaje y cilindrada; todoterrenos que parecen La Estrella de la Muerte; algún deportivo de gama media) los puntocomeros prefieren coches más prácticos, menos llamativos y, sobre todo, más baratos.

¿Por qué puede ser esto? Pue así de simple: la plataforma de computación la compran los ejecutivos con el dinero de la empresa, y el coche se lo compra cada uno con su sueldo, porque casi nadie ha podido ejercer aún sus opciones… ¡Acabáramos!

Cuando hiperactivo! se quita el esquijama y la capa de superhéroe, se convierte en el humilde Javier Candeira. No tiene coche, y utiliza el transporte público. Se monta sus propios PCs a partir de componentes estándar, y tiene dos: uno con Windows y otro con Linux.

(c) 2000 Javier Candeira y Baquia.com. Se permite su reproducción literal, siempre que se citen la autoría y el origen.


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