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Belkin, cazada in fraganti

Cada vez es más frecuente que antes de comprar un determinado producto o servicio, consultemos la opinión o experiencia de otros usuarios. Es una especie de corriente de solidaridad entre consumidores: es natural que nos fiemos más del prójimo que de lo que nos cuenta la publicidad o la página corporativa de una empresa. Claro que hay que ser un tanto ingenuo para pensar que este sistema goza de pureza inmaculada. Entre muchos comentarios de experiencias reales, sin duda circularán opiniones interesadas, colocadas por la empresa de turno bajo el camuflaje de la opinión 2.0.

El caso de Belkin, descubierta ofreciendo dinero a cambio de escribir crónicas favorables de sus productos en Amazon, es un ejemplo o bien de torpeza (¿un ejecutivo de la empresa utilizando su nombre real en el anuncio para contratar “clientes satisfechos”?), o bien de falta de escrúpulos (si la acusación es cierta, cosa que Belkin, lógicamente, niega). En cualquier caso, nada bueno para la credibilidad de la empresa.


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