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Buscando en lo simple el camino hacia la creatividad

Nota: Esta entrada fue redactada junto a Andrea Lobo-Guerrero-Directora Ejecutiva de Pontegea

Para ser creativo no se requiere ser un genio. Se requiere libertad, confianza y arrojo.

En el transcurso de nuestra vida, nos olvidamos de las cosas sencillas, de aquello que nos sorprendía, de lo que nos motivaba, de lo felices que éramos con lo simple.

A través de los años al ganar experiencia recorriendo diversidad de caminos que no siempre son fáciles y placenteros sino que a menudo suelen ser pedregosos y hasta tenebrosos, tendemos a ir construyendo escudos que nos resguardan de nuestros temores más profundos como el miedo al ridículo, al qué dirán, a fracasar, a no cumplir con lo que la sociedad espera de nosotros, a no alcanzar las metas o ideales que nos imponemos. Todo esto hace que vayamos quedando atrapados entre una maraña de ideas y creencias que nos van cortando las alas, nos impiden fluir libremente, nos acotan los caminos levantando murallas infranqueables que van escondiendo la luz de la creatividad, el brillo de la esperanza, la alegría de probar, la expectativa de lo nuevo, de lo diferente. No dejemos que la niebla fría y gris vaya ocupando nuestros espacios robándonos los colores, los olores y las sensaciones. No permitamos que nuestra mente se vaya secando como las hojas de los árboles en otoño y nos quedemos inertes y desnudos esperando que el viento gélido congele nuestros sueños, nuestros anhelos, nuestras metas.

Dejémonos sorprender por lo que nos rodea, aprendamos a observar de manera diferente, preguntemos como lo hacen los niños, atrevámonos a salirnos de lo convencional, a dar soluciones distintas a problemas cotidianos, a proponer cambios por pequeños que sean, a expresar ideas sin calificarlas de buenas o malas, arriesguémonos a  escuchar con el corazón y con los sentidos, aprendamos a valorar a los demás y sus ideas, intentemos colaborar sin esperar una recompensa a cambio, sonriamos, aprendamos a discutir propositivamente, aprendamos a tolerar la diferencia y a construir sobre ella. Evitemos imponer lo que consideramos que es mejor, integremos con el otro edificando para todos. El mundo es de todos y en él cabemos todos.

Dejémonos contagiar de aquellos que ven el mundo distinto, de quienes siguen caminos diferentes para ayudar a construir un mundo mejor.

Un ejemplo inspirador es el de Salman Khan y su  Khan Academy. Una revolucionaria forma de enseñar humanizando algo tan deshumanizado como la web. Pero… ¿Cómo lo hizo?

Deteniéndose a reflexionar sobre un mensaje que le dieron sus primos: “nos gustas más en video que en persona”… Esta respuesta podría haber resultado en una simple anécdota divertida o no para él, su familia y amigos, de no ser porque hubo algo que le llamó la atención en el mensaje. La curiosidad le hizo formularse preguntas intentando entender las motivaciones que dieron pie a esa respuesta y comprendió que, lo que le querían decir es que el video que él le grabo a sus primos les permitía aprovechar el conocimiento que les transmitía, les daba libertad de verlo dónde y cuándo ellos quisieran, las veces que quisieran. Con esto, Khan entendió que el proceso del aprendizaje puede cambiar y convertirse en algo más interesante y divertido si se enfoca correctamente. La libertad de poder repetir cuantas veces sea necesario una lección sin sentirse avergonzado, o pensando que al preguntar varias veces lo mismo el profesor se molestará, o este va a pensar que soy tonto, permite que el alumno avance a su ritmo en el aprendizaje y se sienta más seguro.

De esta manera, comenzó a desarrollar una serie de videos educativos cuidadosamente estructurados enfocados inicialmente en el estudio de las matemáticas, y ahora ha incorporado diversas áreas como ciencias, economía y finanzas, artes y humanidades, computación, etc. En estos videos muestra el poder de los ejercicios interactivos y hace un llamado a los profesores y maestros para que se planteen reformar o cambiar las guías tradicionales de enseñanza.

Animémonos a pensar distinto sobre las cosas pequeñas o que a veces consideramos triviales de la vida. Estimulemos la curiosidad que seguramente nos hará sorprendernos.


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