Canon: sí pero no, o no pero sí

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea se ha pronunciado por fin sobre el canon digital, con una sentencia salomónica: empresas y organismos públicos no deberían pagarlo, porque se supone que no compran dispositivos de almacenamiento para hacer copias privadas. Los usuarios de a pie sí, porque siguen siendo sospechosos. De esta forma, la sentencia sigue cargando sobre los consumidores el estigma de la culpabilidad, permitiendo que se les siga cobrando por adelantado una compensación por el delito en que van a incurrir, lo cometan finalmente o no.

¿Qué pasa, por ejemplo, con el DVD que compramos para guardar una copia de seguridad de las fotos de las vacaciones, o con el pen drive que se utiliza para conectarnos a Internet? ¿Hay que seguir pagando un canon a las entidades de gestión de derechos de autor aunque nunca vayan a almacenar una canción o una película protegidas con copyright?

Recordemos que la sentencia del TUE no es vinculante, es decir, no obliga a nada. Sólo es una especie de consejo o recomendación a la juez que pidió a Bruselas ayuda para interpretar la ley española (situación que no deja de ser paradójica). Lo bueno es que al menos parece haber sacudido conciencias y puesto de manifiesto la necesidad de remodelar una norma abusiva en muchos casos. Hasta la SGAE ha dicho que está dispuesta a “colaborar en el ajuste, si fuera necesario, del sistema actual de copia privada”.


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