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Ciberdecepcionados, ¿una nueva patología?

Del paraíso a los infiernos, del vértigo tecnológico a un desgaste insostenible, de la euforia de bonos y opciones sobre acciones al batacazo en bolsa, de especie privilegiada a extraños supervivientes en vías de extinción. ¿Qué queda del nuevo Eldorado de Internet? ¿Sigue siendo un chollo trabajar en una puntocom? El ritmo Internet se ha cobrado ya bastantes víctimas y ha dado como fruto una gran oleada de ciberdecepcionados.

Ahora los días de gloria quedan lejos tras la crisis.com. Aquellos eran días en los que uno de los mayores problemas de los escasos empleados con que la Nueva Economía consistía contaba por entonces en esquivar las llamadas de los cazatalentos. Pero la moda de pasar de una empresa de la Vieja Economía a una start-up o a una puntocom ya no es tal: el salto ya no divierte. La tendencia parece haberse invertido y los nuevos ciberdecepcionados, cansados de tanta aventura, regresan con su curriculum repleto de experiencia y con la cabeza gacha, venden el secreto oro de su conocimiento y experiencia a otros dioses, pero eso sí, siempre que el sufijo .com no aparezca en su marca.

Cuando la crisis entra por la puerta…

El sector de las nuevas tecnologías y en concreto el de Internet, se pusieron de moda entre diversos profesionales que veían un fascinante reto en el hecho de lanzarse a la conquista de este nuevo mercado. Para muchos, trabajar en la Red se antojaba como posibilidad única de abandonar su trabajo como empleado para reciclarse, convertirse en accionista, dar un cualitativo y cuantitativo salto profesional o simplemente para adentrarse en un sector en crecimiento. ¡Todo un reto!

Eran tiempos dorados. Por aquel entonces, la juventud de las incipientes empresas de Internet, su rápido crecimiento y el hecho de tener que adaptarse a una economía que nacía en constante cambio, desbordaron a las empresas. La principal misión de todas las que trataban de ocupar un lugar en la Nueva Economía era atraer, retener y motivar a los profesionales de las nuevas tecnologías, para lo que ofrecían números enormes, bonos, opciones sobre acciones, organizaciones horizontales, ambientes distendidos, gimnasios, masajistas, futbolines y una eterna lista de las más variadas excentricidades más próximas a las estrellas del rock, que a la vida diaria de una empresa.

¿Dónde estará mi bonus?

Pero cuando la crisis entra por la puerta, los incentivos saltan por la ventana. La búsqueda de rentabilidad inmediata ha hecho que muchos dotcommers hayan visto seriamente recortadas todas las ventajas que en su día les llevaron al paraíso. No cabe duda de que si Manolo Escobar hubiera nacido en la Era Digital, tras la crisis su hit parade hubiera sido ¿Dónde estará mi bonus?

Así, los ciberdecepcionados asolados por el llamado \’efecto bono cero\’ han visto derrumbarse sus palacios de cristal como arena de playa y a sus opciones convertirse en papel mojado ante la escasa probabilidad de que sus empresas salgan a bolsa, si sobreviven en el mejor de los casos. Según recalca Andaiw Wilkinson, CEO de Monster Europe, \”con el colapso de las stock options, los ejecutivos.com han vuelto a pedir mayor seguridad\”. Tanto es así, que exempleados.com vuelven a negociar con los parámetros de antaño, e incluso algunos se avergüenzan de haber estado en una puntocom. Otros no dudan en intentar explicar los detalles de su fracaso.

Los nuevos obreros del teclado

\”…Trabajaba indistintamente una media de 12 horas diarias, dormía en la oficina, se dejaba la salud física y mental delante de la pantalla…\” Duras reflexiones las de Bill Lessard, que tras años buscar fama y dinero en la Red, transformó su afán investigador en un libro de denuncia, Esclavos en la Red. \”No cabe duda de que la era Era Digital ha creado, entre otras muchas cosas, un nuevo tipo de trabajador estresado, pegado a una máquina, que se alimenta de pizzas y al que se le exige un ritmo de trabajo que acaba con su vida; o por lo menos con su calidad de vida\”, fueron algunas de las conclusiones que se expusieron en el II Congreso de Periodismo Digital al hablar del oficio de periodista que trabaja en Internet, aunque siempre hay opiniones que reflejan lo contrario. Para gustos se hicieron los colores, pero está claro, que muchos de los que acudieron a este panal de rica miel, atraídos únicamente por el olor del dinero, han salido escaldados.

Pero no cabe duda que una nueva categoría profesional ha surgido: los nuevos obreros. Ya el filósofo José Antonio Marina ha advertido en alguna ocasión, de que \”Internet podría crear nuevos obreros del teclado\”, aunque no siempre la constatación de esta categoría laboral ha de tener sentido peyorativo. Según Barcelona Activa, ya existe la calificación de \’administrativo digital\’, y resulta normal que en entrevistas de trabajo, antiguas preguntas como el número de pulsaciones, sean sustituidas por otras que determinen el dominio a la hora de navegar por Internet.

Sin ir más lejos Carolina Gala, profesora e investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), ha alertado del vacío legal que existe en materia de nuevas tecnologías de la información aplicadas al ámbito laboral, haciendo ver que el uso de estas herramientas de trabajo no se recoge e incluso \”choca\” con algunos de los artículos del actual Estatuto de los Trabajadores.

Cibercabreados o qué hacer cuando se está burned

Mirando atrás en las páginas de una breve historia, hace algo menos de un año, los más optimistas pensaban que los menos afectados por la crisis.com eran los empleados. Las poco habituales condiciones laborales, tanto salariales como de organización, hicieron que se hablara del fin de la jerarquías en la empresa y de otros múltiples beneficios de esta incipiente economía. Pero todo cambia cuando los empleados se sienten con el despido tras la oreja y nadie puede hablar sólo optimismo hoy día, después de las últimas cifras del sector al respecto. Si bien, la flexibilización de algunas condiciones laborales siguen siendo vistas hoy como ventajas.

Pero ante la adversidad, las reacciones son muy diversas. La crisis de Internet ha dejado un rastro de caídos en España y en el resto del mundo conectado, que ha provocado las más variopintas situaciones, tales como que algunos exdotcommers se unan en cibertablones para deahogarse de lo lindo, denunciar situaciones injustas que han sufrido en sus empresas o airear trapos sucios y rumores que en ocasiones han afectado hasta a la cotización bursátil.

La unión hace la fiesta

Otros, más lúdicos, no han dudado en unirse para irse de fiesta y ahogar sus penas comunes en las llamadas Pink Slips. E incluso los hay que piensan que están en el paraíso. Aunque otros, con menos ánimo de celebrar y mayor sed de venganza, no dudan en buscar la manera más perversa de paliar su ciberdecepción atacando a la que otrora fuese fuente de bondades: su dotcom. Y si hasta hace no mucho la faena más usada consistía en revelar información fiscal o estrategias comerciales, hoy la venganza de moda entre los despedidos de una puntocom es denunciar el uso de software ilegal por parte de su empresa ante la BSA. Cuestión de modas.

Crisis de identidad

Lo que realmente subyace en todo este problema es una crisis de identidad, que unida a la crisis genérica que vive el sector, alimenta la ciberdecepción de los empleados, aumentando su incertidumbre. Al final, sólo quedan los auténticos survivors pues los que a estas alturas no tienen ya el cuerpo para emociones fuertes, hacen o ya han hecho sus maletas y han sacado los billetes para una empresa tradicional, anclada en valores sólidos, de las de toda la vida. Es decir, la eficacia de un darwinismo digital no planeado ha despejado el escenario, dejando sólo a los actores que realmente se sienten vinculados a esta nueva manera de relacionarse y trabajar que es Internet.

Aunque, para ser sinceros, el problema de la movilidad, la flexibilidad laboral o la continua readaptación de los trabajadores a sus empleos parece más bien un problema macro y no sólo del sector tecnológico. Según describe acertadamente Ramón Jáuregui en su artículo El nuevo modelo laboral: \”En la Nueva Economía, la flexibilidad y la desregulación son los mantras a invocar necesariamente; sin ellos, al parecer, no hay ni creación de empleo ni progreso. La sociedad de la comunicación (rápida, instantánea, pero superficial) ofrece pocas ocasiones y de escaso eco para debatir en profundidad las consecuencias sociales y culturales de este cambio\”.

¿Una nueva patología?

Según un debate abierto por la revista Liderarte, los sentimientos de los trabajadores de una puntocom, se debaten entre \”un ritmo frenético de vida donde teóricamente tienes todas las oportunidades laborales, pero resulta imposible tener una vida privada personal plena, debido al trepidante ritmo que impone seguir la velocidad de las Nuevas Tecnologías. A pesar de que la sensación de los que trabajan sea la de estar participando en una revolución que está transformando el mundo\”.

En un entorno donde todo gira en torno a la supervivencia y la presión, no tardará mucho tiempo en aparecer nuevas patologías derivadas de las Nuevas Tecnologías, como las que ya se apunta que aparecerán en el nuevo cuadro de enfermedades profesionales. ¿Será incluida la ciberdecepción, con todas las disfunciones tanto de naturaleza física como psíquica que esta nueva situación genera, como una de estas nuevas patologías?

Mientras hay vida, hay esperanza

El derrumbe de las puntocom unido a la crisis generalizada del sector, parecen haber sepultado las luces que iluminaban las empresas de Internet a escala planetaria, provocando que un sector pionero y con un enorme futuro por delante, aparezca ensombrecido y repleto de incertidumbre.

Por ello sería deseable aprender de los errores para construir con ladrillos, aunque sean virtuales, un sector que ya toma forma en la Nueva Sociedad Red. Que la maquinaria de algo que empieza se engrase lo antes posible con el aceite de la cordura para no pasar de la cibereuforia a la ciberdepción a ritmo Internet, aunque los comienzos, como todos los pioneros saben, siempre han sido difíciles.

En cualquier caso, como decía recientemente Julián de Cabo, igual la crisis sirve para racionalizar el sector de las puntocom, ya que, como reconocía el director general de Terra, \”la lectura positiva de la crisis es que se puede hacer que el entorno Internet se racionalice, primera condición para que tenga futuro\”. Así sea.


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