Complicaciones en Google: fuga de cerebros y huelgas de hambre

Google ha subido el sueldo a sus empleados un 10 por ciento, por sorpresa y sin que sea siquiera Navidad. Para redondear el regalo, todos (y son unas 20.000 personas) recibirán una prima de 1.000 dólares, ya que al parecer prefieren el dinero contante y sonante a las acciones de la empresa.

Tan generoso gesto no procede sólo de la bondad de su corazón (o al menos, de su intención de ser buenos, que no todo el mundo tiene como lema Don\”t be evil). También es una cuestión de que a sus empleados se los rifan en el resto del sector, que está sufriendo una inesperada escasez de profesionales.

Google intenta así retener a su personal, al que tan duramente escoge -los procesos de selección son casi legendarios- y tanto mima en la oficina, con piscinas de bolas y sillones para la siesta.

Pero esa no es la única dificultad a la que se enfrenta Google en estos tiempos. Además de la revuelta europea contra Street View (que terminó con la empresa borrando imágenes, aunque no del todo bien), en China se le plantea una protesta de los anunciantes que pierden sus contratos.

En lugar de irse a la competencia o protestar formalmente, o cualquier otra reacción en el ámbito de los negocios, algunos de estos anunciantes se han puesto en huelga de hambre. Y no hablamos de dos o tres clientes enfadados, sino de 200 empleados de empresas de reventa de anuncios, que protestarán ante la oficina de Google en Shangái. De esos, unos 40 están en huelga de hambre.

Al fin y al cabo, ser la mayor empresa de la Red, casi en todas partes, tiene que tener algún inconveniente.


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