BAQUIA

Con el finiquito al cuello

Cualquier internauta que realice una búsqueda en la caja de noticias de Baquía podrá hacer la siguiente comprobación: si en el cuadro de texto incluye la palabra \”despidos\” saldrá el siguiente mensaje: \”La consulta que está realizando obtiene demasiados resultados. Debe restringirla un poco más\”. Si se acota la exploración, por ejemplo entre el 15 de febrero de 2001 y el 16 de marzo, aparecerá la friolera cifra de 17 noticias en las que se abordan el despido en alguna compañía de Internet o telecomunicaciones.

Una noticia cada dos días con el tema de los despidos de fondo. Y eso que, ni mucho menos, se incluyen todos los que se producen a lo largo del día. No habría suficiente espacio y resultaría demasiado tedioso.

Una de las principales novedades respecto a los despidos más recientes radica en que las startups han dejado de ser el principal foco sobre el que recaen las luces que iluminan las cartas de despidos. Las grandes compañías de telecomunicaciones también han asumido (y puesto en práctica) la siguiente ecuación: reducción de ingresos = recorte de gastos = despido de personal. Además, y como resulta lógico, el número de empleados en estas empresas deja en una mera anécdota los de las empresas de Internet. En éstas, el hecho de dejar sin empleo al 50% de la plantilla puede afectar a diez personas. En las primeras a más de 10.000.

Si se leen con detalle las noticias en las que se tratan los despidos de empleados de firmas tecnológicas, se podrá comprobar cómo en la mayoría de los casos los directores de Recursos Humanos esgrimen el mismo argumento: \”la crisis por la que atraviesa el mercado nos obliga a tomar esta drástica medida\”. Como una dolorosa letanía, esta frase la repiten seis de cada diez compañías. La segunda razón más habitual (un 18%) es el cambio en el modelo de negocio. El cierre del chiringuito fue motivo para despedir al 11% de los afectados y la duplicación de puestos de trabajo después de una fusión fue el argumento que escucharon el 10% del total de despedidos.

Pero, ¿es cierto que el sector atraviesa por una coyuntura negativa? Sin duda. El 10 de marzo de 2000 el Nasdaq vivía una jornada histórica escalando hasta la cota ahora imposible de los 5.048,62 puntos. Un año después sería una excelente noticia escribir que se encuentra por encima de los 2.000 puntos. A día de hoy, la gran mayoría de las empresas tecnológicas harían suya la frase de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Además, la demanda de productos tecnológicos se ha recortado hasta límites inimaginables. Con ese caldo de cultivo sólo se puede hacer una cosa: respirar profundamente y aguantar el chaparrón.

Intel, Cisco, Nortel, AT&T, Dell, 3Com, Motorola, T-Online, Tiscali… aquí no se libra nadie. Según un estudio realizado por el gabinete de estudios sociales Challenger, Gray and Christmas, a lo largo de los últimos tres meses el número de despidos sólo en las empresas puntocom estadounidenses se elevó a 35.000. Comparado con el año anterior supone un aumento del 12%. Mucha gente en la calle.

Agachando la cabeza

Hasta hace un año, la mayoría de las grandes compañías de Estados Unidos miraba con cierta superioridad a las startups que se creaban a diario. Los gigantes no podían ocultar la creencia de que un gran número de las más pequeñas no tendría la suficiente gasolina como para aguantar un viaje de largo recorrido. Ellas, sin embargo, disfrutaban de la seguridad que reporta presentar unas cuentas de resultados con números tan negros como el carbón y, sobre todo, contar con un largo número de clientes fieles. Pero al final la realidad ha levantado el velo que tapaba esos optimistas ojos. Comenzó con la caída de la demanda de productos tecnológicos en Estados Unidos y ha seguido con la misma tendencia en Europa y Asia. Entre otras cosas, la gente ya no compra ordenadores, lo que provoca que las cuentas enflaquezcan y las palabras \’reestructuración de plantilla\’ comiencen a sonar como un hecho más que como una amenaza.

A las grandes telecos les ha cogido la crisis tan abruptamente que no han encontrado capacidad de reacción. Otras, sin embargo, han sido capaces de entonar el mea culpa y asumir públicamente sus errores. Es el caso de John Chambers, máximo responsable de Cisco Systems. El menor crecimiento del gigante de Internet y el descenso en el precio de sus acciones son cuestiones que se deben en gran parte al equipo que él dirige. Y, sobre todo, ha confesado que el hecho de haber puesto de patitas en la calle a más de 8.000 personas es una de las peores decisiones que se ha visto obligado a tomar en su vida.

No siempre es la coyuntura

Pero son varios los aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de comprender los motivos que encuentran muchos directivos para deshacerse de parte de sus trabajadores. Una medida de la que ellos mismos no se sienten nada orgullosos y de la que suelen lamentarse. En bastantes ocasiones, estas mismas personas son las que tienen que encerrarse en sus despachos con los inversores. Éstos han perdido gran parte de la confianza depositada en las empresas relacionadas con Internet. Incluso, muchos de ellos, exigen medidas inconcebibles en una empresa tradicional: la rentabilidad en el primer año de vida.

Como es lógico, la empresas puntocom han empezado a recortar gastos donde resulta más fácil y, también, más doloroso: en su capital humano. Lo que diferencia a las grandes telecos de las pequeñas dotcoms es que en las primeras se produce con el objetivo de incrementar los beneficios, mientras que en los segundos se lleva a cabo con la intención de evitar el cierre del negocio. Es decir, los recortes de personal son reales y necesarios.

Como apuntaba un analista de IDC, \”cualquier sector atraviesa altibajos, y todo lo relativo a la tecnología está pasando por uno de sus peores períodos. ¿Pero alguien piensa realmente que Cisco se verá obligada a echar el cierre? No. Si crees en las noticias tecnológicas, te das cuenta que siempre se va a necesitar un fabricante de routers\”.

Es decir, a pesar de que le hayan colocado la soga en el cuello, las grandes telecos saben que el suelo no se moverá. Una situación diametralmente opuesta al de las pequeñas compañías de Internet: son los propios inversores los que han atado la cuerda y cada vez aprietan más fuerte. El mismo analista de IDC tiene su teoría: \”En la situación actual las startups son conscientes de que no van a recabar más inversión en mucho tiempo. Por eso tienen que conseguir dinero de cualquier forma\”.

De la frase \”de cualquier forma\” pueden dar buena cuenta los 12.828 despedidos de empresas de Internet en el mundo, según cuantificó la firma Challenger Gray. O los 11.649 registrados en el mes de febrero. O, ya puestos en plan catastrofista, los 65.000 que se han producido desde diciembre. El descenso entre ambos meses podría provocar una sonrisa de esperanza. En absoluto. La compañía estima que a lo largo de 2001 habrá más personas recogiendo finiquitos que el año pasado.

Pero la situación no afecta igual a todas las profesiones. Si eres ingeniero de software, gestor de redes o programador, encontrarás una rápida recolocación, mientras que los desarrolladores de contenidos, el personal de marketing y de atención al cliente tardan más en volver a encontrar trabajo.

Están siendo tan comunes los despidos que incluso un trabajador afiliado a Wash Tech, una unión de techies en Seattle, los ha denominado \”fórmula de despido dotcom\”. Consiste en dejarte en la calle con explicaciones poco claras, notificándolo de forma inapropiada, haciéndolo de forma masiva e impersonal, y mostrando una nula preocupación por la situación profesional y emocional de la persona a la que dejan sin sueldo.

Por eso no resulta extraño que la mayoría de las personas que se vieron en la obligación de abandonar sus puestos de trabajo en una empresa de Internet abominen como de la muerte de volver a encontrar un puesto en ellas. Arturo Flores, despedido de una empresa española de comercio electrónico, asegura que no tropezará dos veces con la misma piedra. \”En la vida volveré a pisar nada que suene a Internet. En mi empresa las cosas se hacían sin pies ni cabeza, disfrutábamos de un salario espectacular y multitud de incentivos. Pero de nada sirve si el modelo de negocio es erróneo o los encargados de dirigir la empresa no sirven ni para gestionar su propia casa\”. Flores ha vuelto a una empresa tradicional, en donde gana menos pero disfruta \”de mayor seguridad\”.

Caso bien distinto es el de Esther Villamor, que sufrió una reestructuración en una empresa de Internet de la que no quiere dar el nombre por si existe una mínima posibilidad de que la vuelvan a contratar. \”Antes de trabajar en una puntocom me dejaba media vida en una empresa de reconocido prestigio no sólo en España, sino en casi todo el mundo. La rutina me estaba matando. Cambié de trabajo y recaí en una startup en la que disfrutaba cada uno de los minutos\”. La agilidad y rapidez que exigía su puesto de trabajo como redactora y el hecho de encontrarse en un sector desconocido y casi en pañales fue lo que más le atrajo. Pero Esther se encontró de la noche a la mañana en la calle. Ahora sólo busca empleo en empresas de Internet con la certeza de que, estadísticamente, tiene más posibilidades de encontrar empleo que si trabajara en otro sector.


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